Tus pasos son tu vida... Tus saltos de alegría, tu baile, tus gritos en el aire. No siempre son reales. A veces la imaginación fluye, fluye... y te dejas llevar, y viajas sin kilómetros, sin pasaje, sin nadar...
Se hace camino...
La imagen más utilizada para hacernos entender la vida siempre ha sido el camino. Ni siquiera este concepto se puede comparar en el tiempo si pensamos, precisamente, que el tiempo es la medida -dicen- de muchas cosas.
La vida era un camino largo, pero en esta vorágine de cambios en la que nos vemos inmersos en este siglo XXI se ha convertido en un trecho -interminable- que parece recorrerse en segundos. Minutos. Horas. Días... Yo qué sé...
Vivir deprisa, para mí, ya no se lleva. Lo mejor es saborear lo que tenemos a nuestro alrededor, deshojar un momento en mil segundos y hacer de una puesta de sol el momento más maravilloso de un día entero.
Pero hay algo más. Vivir versus viajar. Habrá que aprovechar que esos largos caminos de antaño pueden ser experiencia en muchos tiempos. El primero, ni más ni menos, será el caminar: disfrutar del silencio, del paseo, del ruido, del olor real del mundo, a nuestro paso. Hillary llegó caminando hacia el Everest, y fue el primero en disfrutar del mundo desde lo más alto, con esfuerzo, empeño, ilusión...
El segundo, será ir en un medio de transporte como el coche, la bici... Nos dan cierta rapidez en el viaje, y la libertad de parar, seguir, correr, ir despacio... Yo tengo un cochecito azul que me hace soñar, me da libertad -y gastos, por supuesto- y me arranca la sonrisa de un paisaje.
Y otra forma de hacer camino es a través de esos recursos rápidos que nos da la tecnología, como el avión o el AVE -terrestre, y la polémica va en otro artículo
-... Nos llevan a los sitios deseados, para vivirlos a nuestro ritmo, en tiempos que hace siglos nadie creería, a no ser Verne o Cyrano de Bergerac -este último pensó su primera y estrambótica nave espacial para llegar a la luna-.
Precisamente estos últimos -dos ejemplos de tantos- nos dan la llave para otra forma de vivir la vida y recorrerla. Dicen que no tiene límites, aunque ir más allá produce vértigo, somnolencia, o todo lo contrario: una emoción intensa que nos produce sentimientos extraños, de todo tipo. Como pasa con todo, la imaginación y la creatividad son el vehículo más pintoresco que tenemos muchos. Pero cuidado con sus alas, que a veces fallan...