| Isabel's profileIsabel on linePhotosBlogLists | Help |
VADEMÉCUMLa soledad es un virus que ataca directamente a las defensas. Ese conjunto de situaciones que te hacen disfrutar de la vida, aun en los momentos amargos. Pero ese pequeño germen que es la soledad recuerda al agua en las zonas húmedas, que te cala hasta los tuétanos, sin apenas poder evitarlo. Y cuando esta situación alcanza el límite de correspondencia de niveles, evocando a Arquímedes, se desborda por los ojos y se mezcla con el humor salado que contiene.
Este pequeño virus tiene otros efectos en el corazón. La soledad provoca un movimiento extraño, que se corresponde con un pensamiento determinado. El corazón se mueve, de arriba abajo, de izquierda a derecha, provocando una sensación de leves espinas que se clavan más o menos... según sople el viento. La soledad incita al estremecimiento, cuando esas leves espinitas se mueven en el interior. Y, en un segundo, crece de nuevo el nivel de agua y vuelve a desbordarse, nublando más la mirada de quien antes apenas veía.
No existe un remedio médico para este mal. Muchos investigadores han intentado aislar el virus, pero se hace más y más fuerte cuanto más sólo se encuentra.
Desde hace cincuenta años, un famoso investigador noruego estudia los remedios que algunas plantas ofrecen contra la soledad. Al menos, para curar sus efectos. De los que llevan ya dos décadas utilizándose, éstos que cito a continuación son los más conocidos.
Hay quien utiliza la verbena para crear "incentivos", es decir, refuerzos añadidos que regulan la pérdida de defensas. La verbena se va extendiendo por el organismo, pero tiene un grave efecto secundario: el corazón se acelera demasiado para, en un momento, volver a calmarse. Y se pasa de un desasosiego preocupante a una mayor tristeza.
Otro remedio es la albahaca, que produce una inmensa sonrisa al inhalarse. Pero actúa simplemente como un calmante periférico, que no ahonda en el sistema solitario central. A modo de droga, pone una venda en los ojos para que no caigan lágrimas. El problema surge cuando llega un momento en que los apósitos no pueden parar el agua y, al quitarlos, sale a borbotones, impura y especialmente cargada de sal, lo que provoca que los ojos escuezan más de lo debido, y enrojezcan la mirada.
Existen más remedios, como la sopa de rosas. Aunque su sabor es amargo, pese a su agradable aroma, el preparado debe ingerirse lentamente, y provoca una somnolencia agradable que llaman amor. Se debe tomar a pequeñas dosis, pero continuadas. Esta embriaguez, cuando se termina, no evita sentir de nuevo soledad. Entonces, su virus se hace fuerte, y cuesta aún más trabajo eliminarla.
Está comprobado que la esencia de geranio es, con diferencia, la más eficaz. Su origen es una planta muy fácil de encontrar; en todos los balcones de las casas alegres. Su sabor, al contrario que las rosas, es dulce, a pesar de su aroma ácimo. La ingesta, diluida en agua, genera un especial apego a las personas cercanas, lo cual suele coincidir con familia y amigos. Vulgarmente, denominan a sus efectos "amor fraternal", e incluye un potenciamiento de la amistad. Se aconseja que las dosis las tomen unos y otros, y que se sonría dulcemente mientras se comparten penas y alegrías.
Por cierto, que la flor de la alegría, al arrancar sus delicados pétalos, acentúa aún más el efecto del geranio. Las reacciones secundarias más habituales provienen de tomas excesivas de estas hierbas curativas, y la posibilidad de producir una fuerte dependencia.
No existe, pues, cura definitiva. Sólo tratamientos prolongados, ideas peregrinas y conversación interesante, a manos llenas.
Como apoyos a cualquiera de estos tratamientos, este experto investigador noruego asegura que el sol disminuye el riesgo de propagación, y que una carcajada a tiempo puede resultar muy beneficiosa contra los efectos producidos por el fatal virus.
Suerte, pues, para los que se aventuren a comprobar la eficacia de estos -espero que útiles- consejos.
Extrañamente afectada, ...Isabel... |
|
|