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Otoño
Llueve a carcajadasNo se ve la luna, y eso que debe estar preciosa y otoñal en este cuartocreciente momento de gloria. Sin embargo, llueve a carcajadas y el agua limpia las calles empedradas de la ciudad. Hace un rato, más que limpiar parecía que iba a borrar los adoquines, como si fueran caramelos de ésos zaragozanos que sólo se deshacen con paciencia.
Imagínate la Muralla abulense despintada por la tormenta. Como una acuarela con esponja en lugar de pincel. El ocre de la piedra de sus grandes sillares, envuelto en lágrimas inconsolables que se lleva el río Adaja hacia el castro de Las Cogotas. Después, hasta el centro, hasta el mismo centro de la Moraña. Y ya en Arévalo, se lo devuelve a sus pinares y a sus campos de cereal, como un regalo de Dios para las grullas que volverán en noviembre a nadar en los labajos solitarios de sus praderas.
Pego mi nariz en el cristal y veo cómo caen las gotas en el macetero, regando la menta, los geranios y una gitanilla rosita que este verano renació con la inusitada fuerza del sol. Y como el cristal está frío y yo me estoy poniendo melancólica, me siento en el sofá, me envuelvo en mi mantita de tréboles y... leo. O hago punto de cruz. O simplemente veo la tele con la desgana de un sábado tardío.
¿Te he dicho que no se ve la luna...? Mi sobri María siempre la está mirando. "Bocadillo de lagartijas"Nos vimos por primera vez un cuatro de octubre. Los dos temblábamos del frío o del miedo escénico, en una escena improvisada en medio de Madrid. Me mirabas, con ojitos suplicantes, intentando descubrir en mis pupilas algún rescoldo de amor, de sentimiento, de algo... Me mirabas intentando guardar en tu cabeza cada milímetro de mí. Y, al tiempo, yo hacía lo mismo.
Aun así, era como si nos conociéramos de hace un siglo y por eso no me hizo falta descubrir a un niño "con pijama de cuadritos" en mitad de la calle, con una mano en un bolsillo y la otra, portando una bolsa naranja llena de cosas mágicas... Aunque lo mágico lo pude observar a la primera: eras tú. Te habías quitado el disfraz de principito y te mostrabas como un hombre que me dejó mucho más sorprendida de lo que pensaba - y es difícil superar las expectativas después de un encantamiento...-. Yo me aliené en una peli de fantasmas... y perdimos el apetito. Aun así, varita mágica en mano, nos hicimos dos bocadillos: uno estaba vivo y enamorao. El otro, era de lagartijas... |
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