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    ENTRE SALAMANCA Y ÁVILA

    Hace poco tuve que ir a Salamanca. Fui por trabajo y por turismo, porque yo siempre aprovecho estas cosas. Estuve de día, vi anochecer y luego volví a Ávila, con una sonrisa en los labios y con la satisfacción de haber conseguido mi primer viaje soleado de todo el invierno.

    La verdad es que siempre he tenido un buen concepto de Salamanca como ciudad. La veo próspera, llena de iniciativas, viva y en crecimiento. Y, a pesar de todo, sigue contemplando la impronta del tiempo en sus calles, en sus monumentos, en su hermosa plaza. Su catedral me volvió a dejar impresionada. Conocí un bello rincón, el jardín de Calixto y Melibea que, a pesar del invierno, dejaba entrever una bonita primavera. Desde allí anocheció ese día para el resto del mundo.

    Y luego volví a Ávila. Tienen muchas cosas en común, ambas ciudades declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, entre otras cosas. Y, sin embargo, también me quedaron patentes muchas diferencias. En el arte, igual de impresionante pero con otros estilos. Ávila románica en su mayor parte. Salamanca, más renacentista y barroca. Y en la gente… había muchísimo ambiente en las calles salmantinas. Y no es que menosprecie la tranquilidad de Ávila pero…  

    Y es que en Ávila todavía queda mucho por crecer, por rebasar la frontera de los cien mil habitantes –rondamos los sesenta y pico mil-. Y a pesar de que se han construido viviendas para alojar, si me apuras, a toda esa población, todavía faltan servicios, trabajo variado, ocio, iniciativas, concepto de ciudad grande y, sobre todo, convencer a todos los madrileños que han comprado piso en Ávila de que trasladen aquí su residencia, después de haber satisfecho la oferta de elevados precios inmobiliarios que han perjudicado a los abulenses. Que se queden aquí, eso sí que es difícil.  

    Y ya veremos dentro de un año si pueden venir en tren… En fin, siempre nos quedarán las Murallas.

    UN POQUITO DE SOL...

    Esto de que los inviernos sean tan largos en Ávila es un poco aburrido. Si por lo menos lloviera y nevara en condiciones para evitar las sequías en verano... Pero ni eso.
     
    Ya sé que la primavera no empieza hasta el 21 de marzo, pero estoy deseando ver un poco de luz, un poco de verde en las ramas de los árboles y, aunque luego me tenga que tragar mis palabras, algún que otro insecto...
     
    En esta ocasión, se me está haciendo muy largo el frío. Tengo unas ganas locas de contemplar la floración de cerezos y almendros, de empezar a "amueblar" la terraza de plantas y flores -no tengo ninguna todavía- y de no tener que llevar bufanda. Bueno, eso me da igual.
     
    Quiero un poquito de sol, que siempre reaviva el ánimo y arranca sonrisas. Quiero ir al campo!!!

    AMAR Y ENAMORARSE

    En mi foro interno, tenía casi claro que no quería no caer en el tópico de escribir en día de los enamorados. Hacer algo así como esquivar una piedra en la carretera. O mejor, como irme por otra calle y dar un rodeo para no encontrarme contigo. Pero el teclado, muchas veces, puede más que el impulso racional que lo censura, y aquí estoy.
     
    Porque ante todo, y pese a los comercialismos de este día, hoy es una manera de recordar lo importante del amor, de la ilusión, del cariño, de la necesidad de compartir. Qué difícil es, para algunas personas, poder amar. ¡Con lo que desestresa! Amar -y saberse amado- te deja indefenso ante la vida y, al mismo tiempo, te carga de inmunidad ante sus problemas.
     
    Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que amar no es tan difícil. Y fíjate, tú que lees esto: no eliges quién te gusta. Quizá tampoco de quién te enamoras. Pero a quién quieres, de todo ese elenco, eso sí que, en cierto modo, lo eliges. Porque querer tiene más de voluntad, creo yo, que de otra cosa.
     
    Porque a veces hay que hacer tantos esfuerzos por las personas que amas... Amor en mayúsculas. No hablo de enamoramiento. Nos esforzamos por nuestros padres, hermanos, tíos, hijos, amigos, pareja... Es cuestión, como digo, de voluntad. Eso sí: pensando en que hay alguien, al otro lado, que vela por nuestro bienestar, por nuestra felicidad...
     
    Pero una voluntad que es como la vida misma: con sus pros y contras, con sus desengaños y sus recompensas. Y, sobre todo, con una dosis de cariño que es difícil que sepamos de dónde proviene. Paciencia, perdón, sonrisas, alegría... Es un misterio.
     
    Hace poco leí una frase de un enamorado a su enamorada. Una frase que me ha impactado. No la voy a repetir por el sumo respeto que, al menos al que conozco, me merece, pero básicamente pedía una cosa: ser capaces de amarse en la torpeza.
     
    Añado una cosa: ser capaces de elegir bien a quién amamos... Aunque eso ya es de nota.

    A LUCÍA

    Lucía tiene cuatro añitos recién cumplidos. Exactamente en el día de hoy. Es mi sobrina mayor, un encanto de niña. Tiene una voz muy dulce, es muy inquieta y bastante cabezota. Pero también cariñosa. Curiosamente son rasgos que tiene buena parte de mi familia. Y muy en especial, el sector femenino.
     
    En este pequeño espacio me apetecía plasmar una felicitación para Lucía, aunque seguro que no la va a leer... Pero da igual. No sé qué tienen los sobrinos, como una magia especial, que sugieren un extraño y potente cariño.
     
    Me acuerdo que el nacimiento de Lucía fue como un brillante rayo de sol en los ventanales de las casas de mi familia. Mis padres, abuelos por primera vez... Mis hermanos y yo nos estrenamos como tíos y tías... Y mis abuelos y mis tíos... ni os lo cuento. Y es que comenzaba una nueva generación.
     
    Después de Lucía llegó María, que ha heredado los rizos castaño-rubios de su hermana. María es más picarona y muy graciosa. Está en la edad de parlotear a medias las palabras, desde el final, e imita a pie juntillas lo que hace la mayor. 
     
    Y luego llegó Jorge, desde pequeño luciendo una sonrisa gracias a la cual hemos levantado el ánimo sus propios padres, sus tíos y sus abuelos más de una, dos y tres veces en los casi diez meses que lleva en este mundo.
     
    Y la cuarta, Anita. Mi hermana Mª Ángeles y Javi acertaron al ponerla ese nombre que, por partida doble, se ha agradecido. Y por lo que le toca a mi hermana Ana, la verdad es que su sobrina y tocaya cada vez se la parece más. En el brillo de sus ojos, en lo espabilada, en la carita redonda... y en que se nota que también es una luchadora. ¡Y no llega a los cinco meses!
     
    Estos son mis sobrinos. Ahh, qué tendrán...
     
    Felicidades, Lucía.

    PESCADOR DE GOTAS DE LLUVIA

    He cogido un libro en la biblioteca. Uno de esos libros que, al hojearlos, huelen a papel escondido en cualquier baúl abandonado en un hueco del desván. Uno de tantos, encuadernado en rojo, con los bordes raídos, con miles de referencias de cientos de catalogaciones, a modo de DNI del libro.  

    Pero, al abrirlo, he comprobado que el azar no me ha llevado a un ejemplar cualquiera. Entre las impasibles pastas rojas, estaban algunos textos de Gustavo Adolfo, el artista, escritor, pintor, dibujante... ‘El libro de los Gorriones’. Tan simple y tan real es el título en el que Bécquer descubrió ese encanto de lo cotidiano.  

    "El libro de los gorriones.

    Colección de proyectos, argumentos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento".

    Y firma, triste, en un Madrid que aún no era suyo, en 1868. Tal vez entonces era un solitario pescador de gotas de lluvia, que le transmitieran lo positivo de su estancia, casi recién llegado de su Sevilla colorista... 

    Estoy en la biblioteca. Observo. Los libros tan, tan quietos... La gente estudia en hojas blancas y nuevas. Cosas modernas, enseñanzas actuales frente a las que se desdibujan, con cierto aire extraño y aburrido, los transformados libros amarillentos de mortecinas letras y ocres dibujos. Convertidos y conversos, como decoración, con aroma añejo, como un estorbo.

    Pero yo no puedo. Jamás dejaré de respirar ese perfume al abrir un libro -éste mismo, de tan querido poeta-, y sucumbir ante sus sentimientos, que aún siguen vivos. Como la vida. Como el tiempo.