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    Misterio en la oficina

    Seguro que tú, como cualquier otra persona que haya utilizado material de oficina, te preguntas dónde van a parar los cientos, miles, millones de bolígrafos que utilizamos a lo largo de nuestra vida. Espera. Piénsalo un momento. Reflexiona sobre lo que te digo...

    ¿Ya lo has pensado un poco? A ver, recapitulemos. Los folios. Los utilizamos impresos por una cara y, en nuestro afán de no cortar más árboles de lo debido -o lo que sea- reciclamos ese papel y lo utilizamos por la otra cara. Siempre hay folios por medio que no sabemos si usar o no. Lo que es más complicado de encontrar es, por ejemplo, un bolígrafo azul. Un bic cristal, digamos.

    Los venden por paquetes de tres, cinco, diez o incluso por cajas. Los compramos. Los dejamos en la oficina, encima de la mesa. Pero ¿cuánto duran? ¿Cuántos has tirado por desgastados? ¿quizá uno o dos? Es el misterio de la oficina, y más vale no tomárselo a broma.

    Una vez tuve una pesadilla terrible. Detrás de la torre de mi ordenador había un agujero misterioso que absorbía plástico. Empezó por el router, puede que por la cercanía; después continuó con la pelotita que tengo junto a la pantalla del ordenador, una naranja fluorescente que aplasto cada vez que tengo que hacer la declaración del IVA trimestral.

    Pero lo peor llegó después. El agujero negro se comió los miles de bolígrafos, lápices y rotuladores que tengo en un vaso de barro que hace las funciones de portalápices. Y después los que tengo en mi "supercesta de guardar material de oficina" -una grande, pintada de blanca, con miles de clips de colores, bolis y rotus varios, papel de foto, recambios de los cartuchos de la impresora...-. ¡Pero acabó con todo!

    Entre un sudor extraño y un escalofrío me desperté, asustada, y me dirigí a la habitación que hace las funciones de despacho. Todo parecía normal. La pelotita naranja seguía en el mismo sitio, y también el portalápices de barro y la cestita blanca. Miré detrás de la torre del PC y... nada. Todo había sido un mal sueño... y me volví a dormir.

    Por la mañana me despertó el teléfono.
    - ... Diga?
    - Hola, le llamo de tal y tal, y nos gustaría que nos mandara un presupuesto a la siguiente dirección, ¿tiene para apuntar?
    - Sí, espere un segundo!

    Me dirigí al despacho y busqué un bolígrafo. En el portalápices, junto al teclado, en la cestita blanca... nada.
    - Ejem... Perdone, un momentín, que voy a buscar un bolígrafo...

    Extrañada, se me ocurrió mirar debajo de la mesa, detrás de la torre del ordenador. Quizá seguía pensando en aquella pesadilla. Y ahí estaban. Ahí estaban un montón de bolígrafos bic cristal de tinta azul... amontonados entre el polvo, algunos algo rotos, pero todos con la suficiente carga de tinta como para poder seguir escribiendo muchos muchos meses.

    También había un montón de clips de colores, unas pilas recargables, una bolsa vacía de patatas Matutano en su punto de sal y... un viejo router que parpadeaba, silencioso, y parecía pedir socorro a alguien. Quizá por si volvía a abrirse el temido agujero negro.

    Mientras dormías...

    Ha sido pura casualidad. Hoy he estrenado el DVD que me trajeron los Reyes, como una sorpresa concebida en un pequeño trozo de papel, y me decidí a ver una peli "robada" del cajón de alguien de mi familia. Todo hay que decirlo: en mi familia somos un montón, cada cual con su orden y sus órdenes, y siempre ha sido algo usual encontrar películas de vídeo o DVD fuera de sus carcasas. Y encontrar sorpresas dentro de otras...

    El caso es que hoy he estrenado mi nuevo DVD, en lugar de con las aventuras de mi amado Harrison Ford en 'Seis días y siete noches', con la rubita Anne Heche, como rezaba la carcasa, pues con otro más joven -he puesto los cuernos a Harrison Ford, Dios miooo-: Bill Pullman, con su carita melancólica que me recuerda -es- al papá de Casper (1995), antes de convertirse momentáneamente en fantasma... Y la rubita, sustituida por Sandra Bullock -mil veces mejor, que me darán la razón muchos hombres, y que a mí me encanta como actriz- también con sus aires de mosquita muerta y sonrisa encantadora. Estos cambios de películas, por sorpresa y a traición, sólo pueden pasar en casa de mis padres... y me alegro.

    A grandes rasgos, la peli trata de una taquillera del metro, Lucy (Sandra Bullock) que se enamora perdidamente de uno de sus pasajeros habituales, del cual no sabe ni el nombre –en realidad se llama Peter (Peter Gallagher)-. El caso es que el día de Navidad –digamos de Acción de Gracias- le socorre cuando, en el metro, unos delincuentes le roban y le empujan a la vía del tren: le salva la vida.

    En el hospital, una enfermera oye a Lucy hablando sola, cuando no dejan que pase a verlo, diciendo: “es el hombre con el que me iba a casar”. Y ahí empieza el embrollo: le dice a todo el mundo que está prometida, incluida la familia del pobre Peter. Y entonces conoce a Jack - Bill Pullman en realidad, hermano de Peter en la peli-. Y ahí empieza la historia de amor.

    He de reconocer que re-visionando la cinta se me cayeron algunas lagrimitas. Seguro que a ti también, si la hubieras visto en el sofá de mi casa, como yo estaba, solita, envuelta en una manta roja con tréboles de cuatro hojas y muy calentita, mientras fuera, en las calles del centro de la ciudad, amenazaba con nevar.

    Aparte de ser una bonita historia de amor –un pastel, que dirían los críticos de cine- me ha llamado la atención la manera que todos tenemos de pensar lo que queremos pensar, oír lo que no se dice y escuchar lo que jamás se ha pronunciado. Y de ahí viene el embrollo, claro. Y cuántas veces se nos asoman pensamientos furtivos que atrapamos en una palabra que a veces no es la correcta...

    Y en cuanto al romance... Qué difícil es encontrar el amor y qué fácil es enamorarse. Cuántas veces los malos entendidos dejan pasar el vagón del amor y, en otras, la casualidad -o destino, depende de lo que tú pienses; o Dios...- nos pone en el camino a la persona que menos esperamos. Fíjate: hay una película que se llama precisamente así: 'Cuando menos te lo esperas' (Nancy Meyers, 2003). Y ésta, en cierto modo, viene a decir también lo mismo. La última frase de Lucy, que coincide con el final de la peli, dice más o menos así: "Una vez me preguntó Peter cuándo supe que me había enamorado de Jack, y yo le contesté: 'mientras dormías'".

    http://www.youtube.com/watch?v=h1arRcUUOXU&fea- ture=related