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    Inspiración

    Mi querido diario,
    hoy recurro a ti, de nuevo, para desahogar la guerra interior que aprisiono con cadenas inhumanas. Si bien hay días que necesito campo, otros reinventarme y otros luchar, en esta ocasión sólo pido un poquito de paz y mucha, mucha luz. La luz fluye a veces de dentro a fuera, aunque éste no es mi caso. Comencé a escribir una fría noche de marzo y sólo encuentro borrones de tinta negra en mi cabeza, cual impresora averiada y triste.
     
    Quizá con un poquito de alcohol seguro que se diluye mi fuente de escritura. De todas formas, en este caso la luz la necesito para salir de pobre. Tanta publicidad me ha hecho caer, y a estas horas intento rellenar... dos primitivas, cuatro quinielas y seis bono-lotos.
     
    Mi querido diario, dame luz para atinar y poder darme el gustazo de tirarme a la bartola seis meses en las Bahamas...
     
    13-18 ENERO 2006 060

    Reinventarme

     RISCO(en08)AMAVIDA 003

    Vaya palabreja, ¿no? Pero me voy a explicar. Cada noche, cuando me voy a dormir, reflexiono sobre lo que me ha cundido el día, lo que he hecho y he dejado de hacer. también pienso, muy levemente, sobre los planes del día siguiente. Hay días que han sido malos. Sin ir más lejos, el domingo (y no por los resultados electorales...). Fue un día de mucho trabajo -sí, por las elecciones-, agotador en todos los sentidos. Cuando has estado trabajando toda la semana y llega el domingo y es el día más interminable de la semana... a veces te fallan las fuerzas.

    El domingo terminé agotada. También me falló el ánimo. Me pasé toda la tarde angustiada pensando en cómo resolver los mil problemas que se me vienen encima. Eran las mismas cosa que me rondan día tras día, hasta que, con cuentagotas, voy resolviendo algunos, aparcando otros e intentando solventar el resto, los más gordos.

    Cuando el cansancio no te deja pensar fríamente, a veces cae alguna lágrima desconsolada. A mí me pasó. Todo era oscuro y sin salida. El lunes iba a ser el peor día de mi vida, seguro, tal y como estaba pasando aquel domingo electoral.

    A las doce y pico de la noche terminamos y nos fuimos a casita. Yo no podía dormir. Los ojos colorados, la cara pálida y ojerosa -a pesar de haber intentado disimular un poquito, con maquillaje, ante mis compañeros-. Al llegar, me recibió el calorcito de la calefacción y el aroma de mi pisito alquilado. Puse la tele -el final de Aída, en Tele Cinco-, y me calenté un vasito de leche con una infusión de tila y, al final, colacao. Unas galletas también. Respiré hondo y vi un ratito la tele hasta que mis ojos no pudieron más, como ahora, y me metí en la camita.

    Pero cuando has tenido un día difícil, las tilas no son suficientes para conciliar el sueño, así que volví a respirar hondo. Al día siguiente iba a elegir piso. Uno de esos de protección oficial, y que deberé pagar toda mi vida. De ahí una de mis angustias: pensar cómo leches voy a pagar un trozo de tierra con tejado... con lo que gano. Así lo empecé a pensar, junto con el rollo de sentirme sola, indefensa en la vida y tal y cual.

    Respiré hondo. Me estiré dos o tres veces -no lo recuerdo bien- y puse freno a una lagrimita pensando en aquella célebre frase de Scarlett ante su pregunta: "¿Y qué voy a hacer ahora?". Pues eso: "Ya lo pensaré mañana".

    Y así fue.