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    ANIVERSARIO

    Fue hace 556 años. El palacio de Juan II, escondido entre las murallas de Madrigal de las Altas Torres, vio nacer a una niña. Se llamaba como su madre: Isabel. Una madre que se quedó a vivir en Madrigal mientras que ella viajó. No tuvo más remedio.
     
    Arévalo, Valladolid, Ávila, Sevilla, Granada... Conoció -y la recomendaron- a un chico de alta alcurnia, llamado Fernando. Fue un poco como ahora. Tú me mandas un retrato, yo te mando otro, presiones por un lado de que la relación no "conviene"; presiones de que es necesario y políticamente ventajoso... En fin. Isabel y Fernando se casaron y empezaron a enfrentarse juntos a la vida.
     
    Mucho antes de su matrimonio la tocó luchar.
     
    Cada vez que paso por el paraje de los Toros de Guisando -en el término municipal de El Tiemblo y muy cerca de San Martín de Valdeiglesias- por esa carreterita que une discretamente la nacional 501 con la CL-505 (quizá me equivoque, ya lo miraré), se me pone un nudo en el estómago de la emoción. Es un lugar mágico y apasionante, como la Muralla de Ávila. Allí han pasado tantas cosas...
     
    Si alguna vez pasas por allí, detente, como hicieran tantas personas durante siglos en aquella venta ubicada junto a los hitos pétreos del pasado romano o vetón. Venta juradera donde pararon Enrique IV y su hermanastra Isabel, el primero llegado desde Cadalso de los Vidrios y la segunda, desde la ilustre villa de Cebreros. Allí firmaron que Juana era hija ilegítima del entonces rey, lo que suponía que la joven Isabel era la heredera de los reinos que gobernaba su hermanastro...
     
    Si miras atentamente a cada uno de los verracos de piedra, enormes, colocados uno al lado del otro y hasta contar cuatro, se muestran sus heridas de guerra. Esas huellas que el tiempo ha dejado -en uno sobre todo, parcheado, el pobre, con cemento, que le volvió parcialmente a la 'vida'- y que les han hecho más fuertes. Dos mil años... ¡Y nosotros nos quejamos de la edad!
     
     
     
     
     
     

    PALABRAS, PALABRAS, ACTOS...

    Hay quien dice que las palabras se las lleva el viento, y quizás tenga parte de razón. Decimos tantas cosas sin apenas pensarlas...
     
    Pero no me negarás que también hay muchas cosas que quedan por decir... Cosas buenas, agradables y sentidas, y que muchas veces jamás llegarán a escuchar nuestros oídos. Y es una pena.
     
    Tal vez eso de que 'la mejor palabra es la que está por decir' se refiera a que nos llenamos la boca de frases superficiales que parecen querer ganar en una lucha a nuestro interior. Ese interior que es como un volcán dormido, que no queremos despertar por miedo a lo que salga.
     
    Tal vez algunos filósofos, escritores y pensadores quisieran borrar la idea de una supuesta superficialidad de las palabras a fuerza de plasmar sus pensamientos, sus teorías y sus sentimientos en un trozo de papel. En un libro. En una pared. En un cuadro... No todos, pero ahí está el poder de la selección que tenemos cada uno.
     
    A lo mejor esto que estoy escribiendo suene a topicazo barato, a filosofía del montón. Sería una pena que pensaras esto, la verdad. Mi intención es expresar dos ideas que tengo. Una es que casi siempre lo más importante que nos pasa, que sentimos o que simplemente interpretamos de este mundo nos lo quedamos dentro, como si fuera un gran secreto inconfesable. Cuántas veces nos alegra compartir alguna de estas cosas con las personas más afines.
     
    Personalmente me encanta -y me cuesta, como a casi todos- compartir lo más profundo de mi corazón, al contrario de lo que pasa con esas pequeñas alegrías, tristezas o curiosidades, como una puesta de sol o una buena rosquilla casera, que me hacen tan feliz.
     
    Sin embargo, todo tiene un porqué. Es ése que queda en el tintero de mi alma -quizá te ocurra a ti lo mismo- y que en muy raras ocasiones sale al exterior, sobre todo por falta de oportunidad en una buena conversación.
     
    Y la segunda idea es que, en muchos casos, lo mejor que podríamos hacer es quedarnos callados. Dice una canción de Depeche Mode ('Enjoy the silence', del disco 'Violator'), que disfrutemos del silencio y que todo lo que nos gusta y queremos está aquí, en nuestro corazón. Bueno, con todos mis respetos, yo añadiría que lo mejor de nuestro corazón es lo que debemos expresar, pero con actos. Y, por qué no, reforzarlos con alguna palabra o frase productiva, intentando no dar por supuesto todo, que eso también pasa.
     
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    Que las palabras se las lleva el viento es algo que se demuestra todos los días. Dimes y diretes que se recuerdan toda una vida, a pesar de no ser reales (¿no te han dicho alguna vez algo tan importante como un 'te quiero' que no sabes dónde ha quedado?).
     
    ...Aunque hay frases que me encantaría que fueran realidad, como una de San Agustín, que descubrí hace un par de años y que me hace no perder la esperanza en ningún aspecto de mi vida: "No existe cosa alguna, por difícil o fea que sea, que el amor no pueda vencer".
     
    Pues eso.