Isabel's profileIsabel on linePhotosBlogLists Tools Help

Blog


    La ratita presumida

    Había una vez una ratita que estaba barriendo la puerta de su casita. Barría y barría con mucha dedicación cuando, al mirar al suelo, se encontró un reluciente boleto de la Primitiva. Era de la fecha de ese mismo día y, corriendo, fue a comprobar si estaba premiado. ¡En efecto! ¡Qué suerte había tenido! No era muy cuantiosa la cifra pero, pensó, le serviría para darse un capricho. Al fin y al cabo, después de toda la semana trabajando sin parar, consideraba que se lo había ganado.

    La ratita pensó y pensó hasta que decidió comprarse un bonito vestido de fiesta. Era de un color granate intenso, como un vino joven, con dos tirantitos y algo de vuelo. La tela tenía una caída preciosa y a la ratita le sentaba de maravilla. Se miró al espejo y dijo: "Hoy es sábado. Me iré a bailar con mi vestido nuevo".

    Salió de casa y se fue con sus amigas a charlar y a bailar en una discoteca de la ciudad. Sus amigas miraban de reojo, y con algo de pelusilla, el vestido nuevo de la ratita. Mientras daba vueltas en la pista, muchos animalitos se fijaron en ella. Y cómo no hacerlo: estaba deslumbrante.

    Así, uno a uno se fueron acercando a la ratita. "Ratita, ratita, ¿quieres bailar conmigo?" Y la respuesta, casi siempre la misma: "¿Y mañana ¿me invitarás a un café...?". Al primero se le desataron los cordones de las botas y no volvió. Al otro le entraron ganas de ir al baño, y no regresó. Otro se dio la vuelta y pensó que la de enfrente sería más fácil de conquistar y haría menos preguntas. El siguiente se fue a comprar tabaco y otros, que iban en grupo, se dirigieron a sus sonrientes amigas.

    "Vaya", se dijo la ratita. "Menos mal que no les he preguntado si tenían novia...".

    La ratita se fue, contoneando su vestido nuevo, hasta la barra de la disco. Se pidió un ron con limón "poco cargadito". El camarero la sonrió y preguntó: "¿Cómo es que estás sola?" Y ella dijo: "Me cansé de bailar". El barman se había percatado del ir y venir de hombres a su alrededor; algo que le había sorprendido, pero no preguntó nada más. Charlaron, eso sí, de lo divino y lo humano, entre idas y venidas de aquel y algunos bailoteos de la preciosa ratita. Al cabo de un rato, el camarero se acercó a ella, fuera de la barra: "¿Quedamos mañana a tomar un café?".

    Fue el principio de una bonita amistad. Y de algo más.