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POR FIN, AGUALo he visto con mis propios ojos: el pantano del Burguillo está lleno. Es una verdadera alegría, después de haber sufrido los últimos años la tremenda sequía que ha hecho, incluso, que el carácter de muchos de los habitantes del abulense Valle del Alberche se agriara hasta límites políticos. No es broma lo que digo. Hace tres años, el entonces alcalde de Hoyocasero 'sufrió' en sus carnes una moción de censura y supuso su fin en la alcaldía. Los vecinos le culpaban de la falta de agua.
Quizá este caso sea un ejemplo de lo que puede ocurrir en tiempos de escasez de los bienes más comunes. Agua, luz, calor... Qué importante es, muchas veces, valorar lo que tenemos antes de que desaparezca. Aunque sea de forma momentánea. Cuántos de vosotros habéis rabiado al perder, de repente, la conexión a Internet -y eso que hemos hecho una necesidad de lo que verdaderamente es un lujo...-.
El otro día, cuando pasé por el pantano del Burguillo, no pude por menos de sonreír. El Valle de Iruelas, en la margen derecha del pantano, es un verdadero espectáculo de verdor, agua, flora, fauna... De vida al fin y al cabo. Tengo que volver a pasear por sus caminos, ya que el otro día -era lunes, no había nadie- me dio un poco de miedo y me embarqué en mi pequeño coche durante kilómetros hasta llegar a un pequeño pueblo casi fantasma: Rinconada. El paisaje hasta esta pequeña población, con una puesta de sol entre altos pinares, me resultó impresionante. Y mucho de ello es gracias a las últimas lluvias... Ahhh, quiero volver. Hay tantos rincones en los que disfrutar de un verano que sea resultado de una primavera fecunda... Burgohondo, Navaluenga, Navalosa, Serranillos, Hoyocasero... En esta ocasión sólo hablo del Alberche, pero ya tocará hablar del Tiétar, de la Moraña o del Valle Amblés.
Bueno, os dejo. Voy a beber agua... pero embotellada (en tiempos de vacas flacas no tendré más remedio que beber agua oxidada, digo, del grifo... jeje). NO SON HORASPues no, no son horas. Precisamente estaba yo pensando en lo bien que estaría a estas horas durmiendo plácidamente. Y es que no son horas de ponerse a escribir. Sin embargo, ¿quién es el dueño del tiempo? Decían Los Panchos, y luego otros, eso de "reloj, no marques las horas porque voy a enloqueceeer...". Habrá que ver qué tiene de cierto esta poética estrofa musical que tantos 'agarraos' dio lugar en los tiempos en los que el baile se hacía hasta las nueve de la noche.
Impuntualidad. De esto pecan muchos. Y no me salvo; lo saben mis pacientes amigos y me cuesta reconocerlo. El tiempo lo marcan los genes, qué excusa más buena (jeje). Bromas aparte, a veces los segundos se nos escapan de las manos y una hora es un suspiro, que no es lo mismo que pasarse una hora suspirando. Realmente me cuesta entender por qué en ocasiones tardamos en hacer las cosas tanto y otras veces nada. Y por qué la cabeza no deja dormir, o todo lo contrario, como ahora mismo.
¿Quién marca nuestro reloj biológico? No sé qué tipo de reloj será este artilugio que hace que las personas envejezcan cada una de distinta forma. Ya he oído a algunas personas de edad avanzada eso de "yo aqui ya no tengo nada que hacer. Me va a llegar la hora en cualquier momento". Qué fácil decirlo y qué complicado saberlo en realidad, cuando aún no se ha apagado el reloj más complejo que conozco.
Me he dado cuenta de que los momentos de dicha, de felicidad, de sencillez, de paz, en nuestros recuerdos se convierten en breves segundos de recuerdos. Curiosamente los podemos alargar en nuestros pensamientos, con una gran suerte: apenas ocupan lugar. Son ligeros y hermosos, y no nos pesan como los dramas vividos, las malas experiencias, que en nuestra mente se transforman en pesadas cadenas.
Cuando el reloj marca, como ahora, las dos de la madrugada, sin poder pegar ojo en la almohada, lo mejor que puedo hacer es brindarme un pensamiento positivo y relajante. Mi preferido, y esto es mi secreto a voces, es pensar en el fluir del río Alberche en sus orillas por la comarca que le da nombre. El lugar concreto me lo guardo con mucho cariño, como lo que es: algo sencillo y a la vez grande. Un segundo de paz completa en mi memoria.
"Detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amaneeezcaaaa"... |
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