Así como lo lees. La quinta del 73 rondamos los 35 o 36 y, por supuesto, no todos somos iguales. Los hay, como yo, de los hermanos mayores, pero también hijos únicos y pequeños de la familia.
En la mayor parte de los casos, nos hemos tenido que enfrentar, cuando terminamos nuestros estudios, al monstruo del paro, a lo difícil que resulta independizarse, al milagro de poder pagar una hipoteca y a la pesadilla de poder llegar a fin de mes con sueldos miserables.
Soy del 73 y de letras. Es genial, ahora, pero entonces fue muy duro. Actualmente los becarios se rebelan cuando les dicen que les pagan 500 euros, sin saber ni siquiera escribir su nombre sin faltas de ortografía. Quién los hubiera pillado -los 500, entonces unas 80 mil pesetillas largas, vamos, que sobrepasaba el sueldo mínimo- . Conozco a compañeros de profesión que cruzaban España sin ver prácticamente un duro, y todo por conseguir una experiencia profesional.
Antes parecía que te estaban haciendo el favor de tu vida por poder trabajar, gratis, en su negocio, a base de bien, de horas y de un curro que difícilmente se valoraba. Aunque siempre hay excepciones. Ahora... imposible que se dé esa situación. Los estudiantes y muchos que terminan una carrera, sin prácticamente experiencia, piden un sueldo indecible y que les barran el suelo por donde pasen. Que no digo que no lo pidan, que estupendo, ya ves... pero las comparaciones irritan....
La quinta del 73 también tuvo sus ventajas. Papa y mamá protegiéndote, ya que era imposible que te independizaras, pero sí que fueras a estudiar fuera, si eras 'de provincias', y conocieras un poquito de mundo.
Y volviendo la vista a la infancia... qué decir, chicas, de Candy-Candy y de la Abeja Maya... La pantera Rosa, Mazinger Z, Comando G.... y había grupos de música infantiles -no como ahora- con letras infantiles: Caramelos, Regaliz, Parchís, Enrique y Ana... Mis mejores recuerdos están cantando sus canciones, viendo los dibujos y jugando con la arena en el parque que había bajo la ventana de mi casa.
En esto de la música también tengo otros recuerdos menos infantiles, pero igual de intensos, como la música de Abba que ponía mi tía Olgui -en la primera cadena musical que vi en una casa-, Sabina, The Waterboys (con una de mis canciones preferidas, Fisherman's friend), y los éxitos de los 40 principales los sábados por la mañana, debatiéndose entre Abellán y Joaquín Luqui... Katrina and the Waves, Bubble, Hombres G... y otros que descubriría más tarde.
Jugábamos a las canicas, a la comba, a las comiditas -la arena siempre era algo riquísimo, y las hojas de los sauces llorones solían ser pescaíto frito-. Al jardinero le volvíamos loco jugando a las presas de agua, con la arena y con un reguero de agua que siempre salía de la manguera... Me acuerdo que, de pequeña, jugábamos a ‘Los Ángeles de Charlie'. Sebas era Bosly, Conchi era Cris y mi hermana, Kelly. A mí siempre me tocaba Sabrina. Nos perseguían constantemente y no parábamos de dar vueltas a la manzana con la bicicleta. Tenía una BH azul clarita que aprendí a 'conducir' sin ruedas engañada por mi padre. O tal vez antes, sin que él se enterara... uf, de eso no me acuerdo muy bien...
No hace falta haber nacido en 1973 para ser de esta quinta. Quizá tú, si lees esto, no te sientas para nada identificado con algunas cosas. Realmente esta fue mi infancia y parte de mi juventud. Con las lagunas de primeros amores y amistades de ésas que se rompen por nada.
Hoy miro hacia atrás con una sonrisa y con algo de sorna al ver que el euro nada tiene que ver con nuestras pesetas de antaño y que en eso y en muchas otras cosas la vida ha cambiado. Ni mejor ni peor. Sólo distinta.