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    UN MES DESPUÉS

    Ha pasado un mes, un corto mes de agosto en el que he reflexionado un poquito más en cuanto a clausurar definitivamente este blog.
     
    Este espacio nació para contaros cómo me sentía, qué me gustaba y dónde iba. En definitiva, nació para que sirviera como una nueva forma de comunicarme con mis amigos.
     
    Son pocos -pero buenos- los que siguen este blog. Os lo agradezco mucho, de verdad, porque es una forma de no sentirme sola, de sentirme un poquitín querida. Es cierto que en la vida real ya sé que es así, pero para todos es importante que nos comuniquemos por los canales que tenemos más a mano.
     
    Me gusta este blog por lo que contiene. Las fotos de viajes inolvidables. Los mensajes de mis amigos queridos. Después de estos meses de existencia me cuesta mucho cortar con todo esto, una creación virtual, no sólo mía, sino también vuestra porque lo que más me importa es que lo que escriba sea parte también de vosotros. Como mi amistad sincera.
     
    Besos.

    BARCELONA EN MIS OJOS (I)

    Lo escribí mi último día entero en Barcelona. Había recorrido un gris polígono cercano a Martorell (Ca N'Amat) y me dispuse a conducir rumbo a la capital. Apenas 20 minutos sin tráfico por la A2, a las siete y poco de la mañana, y todo el día por delante para introducirme en las irregulares calles del centro de la ciudad.
     
    En agosto las cosas parecen muy distintas en los grandes núcleos urbanos. Lo mismo ocurre con Madrid. Apenas hay coches, aunque sí miles de semáforos salpicando las calles. Mi indecisión a la hora de aparcar me llevó hasta un lugar donde, seguramente, no hubiera ido por propia voluntad: un mirador en el Montjuic desde el que se divisaba, entre una pequeña neblina, toda la ciudad. Sus grandes hitos y sus grúas. Sus calles reticuladas y su núcleo extraño entre el crecimiento racional de su alrededor.
     
    Quizá sea bueno observar, desde su altura, la mole impenetrable que desde ahí parece Barcelona. A lo lejos, la Sagrada Familia. Algo más cerca se divisa la Catedral y su entorno. Queda también patente el mercat de Sant Antoni, con sus rojeces de mercado antiguo. Al bajar, me dispongo a aparcar en la Ronda de Sant Pau con tal 'infortunio' de dejar el coche abierto. Aunque no ocurrió nada...
     
    Nunca en mi vida hubiera pensado que esta ciudad y su provincia me pudieran interesar lo más mínimo. Ni siquiera por un mar y un puerto que ahora me arrancan la sonrisa, con la figura de Colón sobrevolando sus perfiles entre los árboles. Ni siquiera por las tan nombradas Ramblas en las que he paseado boquiabierta y sin apenas mirar al suelo... quizá sólo en algún momento de tránsito intenso, o al contemplar un curioso mosaico mironiano bajo mis pies... Su casco antiguo me asustó y, al mismo tiempo, me cautivó en un sugerente misterio por sus calles estrechas, sus turistas y sus variopintos habitantes.
     
    (continuará...)

    UN PASO EN EL CAMINO

    Molinaseca es un pequeño pueblo, de menos de 800 habitantes, situado muy cerquita de Ponferrada (León). Se puede enmarcar en la conocida comarca leonesa de El Bierzo y, de hecho, en cualquier información turística que busquéis, os referirán -gastronómicamente hablando- al popular botillo, ese embutido especial tan típico de esta comarca.
     
    Con su puente románico, sus calles empedradas, las fachadas pétreas y su urbanismo de calles estrechas y estructura alargada, Molinaseca es uno de los pueblos por donde pasa el Camino de Santiago. Una localidad con solera. Por ese puete románico, peatonal, pasan los peregrinos en dirección a Santiago de Compostela. Quizá pasen por la calle que lleva su nombre, pero seguro que no les resultará indiferente. Es más, con tantos calores, pueden aprovechar a bañarse en las aguas del río Meruelo, en una pequeña playita que se ha habilitado para la ocasión.
     
    El próximo día 15 de agosto celebran, como tantos otros pueblos, las fiestas de San Roque -en realidad, este santo es el día 16, pero el día de la Virgen es el día de la fiesta por excelencia en la mayor parte de los municipios españoles y portugueses-.
     
    El caso es que yo llegué a este lugar por varios motivos. El primero, la insistencia de un amigo, durante años, para que nos acercáramos a visitar este lugar, junto a otros rincones bercianos. No le hice mucho caso entonces -perdona- o más bien la vida no me daba para más -y eso ya sabes que es cierto-. Pero vista la oportunidad de estar cerca, y precisamente por motivos de caminante -fui a Ponferrada a visitar Las Edades del Hombre, dedicada al Camino de Santiago-, me acerqué hasta Molinaseca. Lo cierto es que muchas de sus calles estaban levantadas entonces, debido a las obras de rehabilitación del casco histórico. A pesar de todo, este es uno de los pasos del camino que merecen una pequeña parada. Aunque sólo sea para abrir los pulmones y respirar el aire puro de su entorno.