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    PRIVILEGIOS

    Esto que puedo hacer ahora mismo es un verdadero privilegio. Me refiero a entrar en Internet, con tarifa plana, y comunicarme. Entrar en las nuevas tecnologías, tener DVD y microondas... Son verdaderos lujos si estuviéramos en cualquier otra parte del mundo.
    13-18 ENERO 2006 040
    Escribir. Saber escribir... 771 millones de adultos son analfabetos, según los datos barajados por la Unesco.

    Comer dos, tres, cuatro, cinco veces al día... Más de 840 millones de seres humanos padecen hambre crónica y absoluta, según informa Manos Unidas.

    La cultura, en su más amplio espectro, es un privilegio. Y vivir en paz. Y vivir.

    Cuántas veces nos tienen que recordar cómo viven otros para valorar lo que tenemos...
     

    NUEVA EN LA FAMILIA

    Es muy pequeñita y duerme siempre. Y si no, llora. Y si no, come. Se llama Inés y nació hace hoy 16 días, en una fecha preciosa, la Asunción, motivo de celebración de muchas fiestas en nuestra geografía. 
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    Ínés llegó al mundo despreocupada, con carita de ángel y manos de pianista, con sus diminutos dedos llenos de minúsculas uñitas blancas. Su mamá, Ana, una de mis hermanas del alma, tuvo un parto muy bueno y la recuperación está siendo estupenda. Tanto que ese instinto maternal que me persigue a ratos se me acentúa pensando que, sólo tal vez, me pueda recuperar de un embarazo pronto y bien.
     
    Inés tiene un precioso hermanito, Jorge, con sus ojos cariñosos y sus palabros de año y medio, que balbucea mirándome a la cara como si quisiera decirme algo importante.
     
    En estos últimos años he descubierto un poco más a los niños. Sí es cierto que he cambiado los pañales hasta a mis hermanos pequeños, que estoy acostumbrada a ver revolotear chupetes y juguetes por la casa, que siempre esté todo algo desordenado y que huela a colonia infantil y a potitos.
     
    Dicen mis hermanas que me ven "de mayor" en la cocina, guisando, mientras leo un libro o el periódico, y rodeada de niños que me tiran del delantal. Al recordar este retrato no puedo por menos que sonreir por dentro y por fuera, imaginarme esa cocina soleada y a esos niños, a los que leo un cuento -o me lo invento- para hacerlos partícipes de la felicidad que tuve en mi niñez.