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日志


Viejos tiempos

Pues sí, hace tiempo que no escribo en este trozo de papel electrónico en el que la única tinta que se gasta es la de alguna lágrima teñida de rimmel. Aunque no es el caso. Estaba recordando viejos tiempos. Aquéllos en los que habitualmente publicaba mis impresiones y sentimientos, alguna gracieta y anécdotas de mentirijilla, de ésas que arrancan sonrisas y hacen que te muerdas el labio, pensativ@. Aquí, como retales o restos arqueológicos, se conservan, un poquito más abajo.

Qué tiempos. Recuerdo que siempre he guardado la ropa; he de reconocer que he sido bastante desconfiada en este extraño mundo internauta en lo que muchos no son lo que aparentan, mientras que otros son el vivo reflejo de lo que se ve y lo que cuentan en sus largas cartas y correos; y esto último se agradece -me refiero a los largos correos y a la sinceridad-.

Y ahora, ¿qué? Pues ya que has entrado aquí, te lo cuento: ahora he caído en las garras suaves del amor. Es tan bonito que a veces me asusta y otras me desconcierta, aunque casi siempre estoy como en una nube en un parque de atracciones. Después de un año, quizá no sea tan romántico como al principio, aunque me sigue emocionando que quiera verme cada fin de semana, a pesar del esfuerzo que supone viajar cada viernes para regresar, de nuevo, el domingo a su casa.

Qué tiempos. Aún guardo en mi memoria aquella visita tan hermosa y nocturna siguiendo el hilo de la muralla abulense, como si cada piedra, en cada momento, se hiciera cómplice de un amor recién inaugurado al resguardo de sus lienzos y de la cálida iluminación de sus muros.

Y ahora... Ahora él parece otro, pero sólo porque ya es una parte de mi corazón y por eso es tan cercano y me parece que sus manos son extensiones de las mías, de tal forma que todo lo que le hace daño, me hiere y todo lo que le acaricia, me hace sonreir.

Hacía tiempo que no escribía, y ya era hora. Y la ocasión -el día a día con él, su amor y el mío- lo merece.

LA QUINTA DEL 73

Así como lo lees. La quinta del 73 rondamos los 35 o 36 y, por supuesto, no todos somos iguales. Los hay, como yo, de los hermanos mayores, pero también hijos únicos y pequeños de la familia.

En la mayor parte de los casos, nos hemos tenido que enfrentar, cuando terminamos nuestros estudios, al monstruo del paro, a lo difícil que resulta independizarse, al milagro de poder pagar una hipoteca y a la pesadilla de poder llegar a fin de mes con sueldos miserables.

Soy del 73 y de letras. Es genial, ahora, pero entonces fue muy duro. Actualmente los becarios se rebelan cuando les dicen que les pagan 500 euros, sin saber ni siquiera escribir su nombre sin faltas de ortografía. Quién los hubiera pillado -los 500, entonces unas 80 mil pesetillas largas, vamos, que sobrepasaba el sueldo mínimo- . Conozco a compañeros de profesión que cruzaban España sin ver prácticamente un duro, y todo por conseguir una experiencia profesional.

Antes parecía que te estaban haciendo el favor de tu vida por poder trabajar, gratis, en su negocio, a base de bien, de horas y de un curro que difícilmente se valoraba. Aunque siempre hay excepciones. Ahora... imposible que se dé esa situación. Los estudiantes y muchos que terminan una carrera, sin prácticamente experiencia, piden un sueldo indecible y que les barran el suelo por donde pasen. Que no digo que no lo pidan, que estupendo, ya ves... pero las comparaciones irritan....

La quinta del 73 también tuvo sus ventajas. Papa y mamá protegiéndote, ya que era imposible que te independizaras, pero sí que fueras a estudiar fuera, si eras 'de provincias', y conocieras un poquito de mundo.

Y volviendo la vista a la infancia... qué decir, chicas, de Candy-Candy y de la Abeja Maya... La pantera Rosa, Mazinger Z, Comando G.... y había grupos de música infantiles -no como ahora- con letras infantiles: Caramelos, Regaliz, Parchís, Enrique y Ana... Mis mejores recuerdos están cantando sus canciones, viendo los dibujos y jugando con la arena en el parque que había bajo la ventana de mi casa.

 

En esto de la música también tengo otros recuerdos menos infantiles, pero igual de intensos, como la música de Abba que ponía mi tía Olgui -en la primera cadena musical que vi en una casa-, Sabina, The Waterboys (con una de mis canciones preferidas, Fisherman's friend), y los éxitos de los 40 principales los sábados por la mañana, debatiéndose entre Abellán y Joaquín Luqui... Katrina and the Waves, Bubble, Hombres G... y otros que descubriría más tarde.

Jugábamos a las canicas, a la comba, a las comiditas -la arena siempre era algo riquísimo, y las hojas de los sauces llorones solían ser pescaíto frito-. Al jardinero le volvíamos loco jugando a las presas de agua, con la arena y con un reguero de agua que siempre salía de la manguera... Me acuerdo que, de pequeña, jugábamos a ‘Los Ángeles de Charlie'. Sebas era Bosly, Conchi era Cris y mi hermana, Kelly. A mí siempre me tocaba Sabrina. Nos perseguían constantemente y no parábamos de dar vueltas a la manzana con la bicicleta. Tenía una BH azul clarita que aprendí a 'conducir' sin ruedas engañada por mi padre. O tal vez antes, sin que él se enterara... uf, de eso no me acuerdo muy bien...

No hace falta haber nacido en 1973 para ser de esta quinta. Quizá tú, si lees esto, no te sientas para nada identificado con algunas cosas. Realmente esta fue mi infancia y parte de mi juventud. Con las lagunas de primeros amores y amistades de ésas que se rompen por nada.

Hoy miro hacia atrás con una sonrisa y con algo de sorna al ver que el euro nada tiene que ver con nuestras pesetas de antaño y que en eso y en muchas otras cosas la vida ha cambiado. Ni mejor ni peor. Sólo distinta.

Eres tú

Aunque nos miremos en un espejo mínimo... o aunque ese espejo se rompa en mil pedazos diminutos, nosotros seguiremos siendo esa luz. Formaremos parte de una, o de mil, de esas minuciosas y justas gotas de reflejo incomprensible que es nuestra cara en un espejito mágico.

Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa del mundo? Quizá me diga que Alicia, que fue a la que vio atravesar su cara oculta. O puede que me compare con la pequeña e inocente Dorothy, en aquel país de Oz... A lo mejor me dice que la más bella es una princesa que se quedó domida a causa de un desa  fortunado pinchazo con un huso. O tal vez quiera acordarse de aquella jovencita llamada Blancanieves, que vivió en el bosque con siete enanitos que la cuidaron de su madrastra...

La princesa del mar, la dama del bosque, la enamorada de un ladronzuelo del Bazar... Qué más da... Todas buscaban -buscamos- lo mismo: un príncipe azul adaptado a los tiempos modernos. ¿Eres tú el príncipe azul que yo soñé?

   

  

Un trocito de bizcocho

Generalmente pensamos que la cocina no está hecha para nosotros. Hablo en plural. En la cercanía que proporciona la calidez de la primera persona del plural, para ser más exactos, porque creo que tendemos a no valorar nuestras posibilidades culinarias. Y quien dice culinarias dice lingüísticas, y de categoría, ya que no todo el mundo puede presumir de conocer los artefactos con los que llenamos este peculiar espacio de nuestro hogar.
 
Si estás pensando, por el título, que el bizcocho me salió de perlas y este pequeño relato es para presumir, te equivocas. Bueno, malo no está (al contrario) pero tiene una apariencia humilde y bajita que indica claramente que soy principiante en esto de la repostería.
 
Y todo tiene una explicación. Después de tres bizcochos bajitos (pero ricos ricos), sin olvidar la levadura, he llegado a la conclusión de que pongo el horno demasiado caliente, lo que provoca que la masa suba rápido y poco, se haga en menor tiempo pero quedándose así, bajito...
 
Os dejo la receta del bizcocho de limón. No pongáis el horno a 230º C; quizá valga con los 180...
 
BIZCOCHO DE LIMÓN
Ingredientes: tres huevos, una taza de harina, una cucharada de aceite, levadura, media taza de azúcar, un yogur de limón.
 
Elaboración: se baten los huevos con las varillas, se añade el azúcar y, a continuación, la harina con la levadura. Se mezcla bien para que no queden grumos y se añade el aceite y, finalmente, el yogur.
 
Se unta el molde con mantequilla y se rocía con harina (para que no se pegue el bizcocho). Después se vuelca la masa en el molde y se mete en el horno, previamente calentado (a 180ºC, no te olvides). Se supone que tiene que tardar unos 40 minutos en hacerse del todo.
 
Para decorarlo, puedes echar unas semillitas de sésamo y queda divinamente.
 
Si te sale bien, acuérdate de esta humilde cocinera que te escribió la receta... e invítame a un café con bizcocho.

La casa de la puesta de sol

Dicen que no hay dos amaneceres iguales y que es un momento especial y bello del día. Últimamente espero el amanecer con los ojos cerrados o bien con las ventanas bajadas y me pierdo una y otra vez la salida del sol, que surge entre edificios que envuelven mi actual casa. En definitiva, no le presto demasiada atención.
 
Quizá es que soy más de disfrutar la tarde, de sus colores, aunque me deja extasiada mi Muralla abulense cuando, como un reloj solar, baja la guardia de la sombra de sus almenas suavemente, deslizándola por sus piedras milenarias hasta fundirse con la hierba. Así pasan las horas en Ávila. Las tardes tienen su reflejo en los colores de las espadañas, en el vuelo de las cigüeñas regresando a los nidos de la catedral, en el alboroto de los 'aviones' entre los muros pétreos, haciendo círculos y más círculos como queriendo siempre volver a casa... pero sin saber dónde está...
 
Los paseos vespertinos junto al río Adaja, oyendo en la radio a Félix Madero en 'De costa a Costa', alejándome del estrés diario, ya no serán igual a partir de ahora. Cambio de casa y cambio de río. A partir de ahora caminaré por la tarde por el paseo del río Chico, bajo el puente de la Sanguijuela, intentando descubrir otros rincones bellos a las afueras, eso sí, de mi ciudad. No cambiaré la radio y le sumaré la música variada de mi iPod, y la puesta de sol la contemplaré más profundamente.
 
Y es que mi nueva casa tiene una peculiaridad. El Principito estaría encantado de ver una y otra vez el atardecer pintado de acuarelas que se observa desde todas las ventanas de mi hogar. Anaranjadas, violetas, blancas y amarillas, las trazas de este dibujo único y natural parecen interminablemente bellas si se contemplan desde un salón color naranja-limón. Las nubes arreboladas parecen decirme que me acostumbraré a vivir aquí, que tengo lo que necesito. Incluido el paisaje.
 
Dicen que no hay dos puestas de sol iguales y que el lugar más hermoso es contemplarlas con el mar de fondo o en la cumbre de una montaña. Quizá sea cierto, pero yo soy tremendamente feliz viendo ocultarse al gran astro bajo la certeza granítica de la Sierra de Ávila y, más allá, la Serrota. Al menos hasta que construyan al otro lado de la calle...

Protección

Es curioso lo que se aprende del ser humano observando a un pequeño bebé. Lo que somos, lo aprendemos instintivamente, en muchos casos, y nuestro afán por sentirnos protegidos nos hace llorar, gritar, temblar... y otras cosas mucho peores (véase la recién oscarizada película india Slumdog millonaire, que dice eso y más).
 
Nunca me había fijado en un detalle de los bebés hasta ayer. No soy madre (sólo tía, y a mucha honra), y quizá por eso no había reparado, como ayer en Elena (mi sobri; tiene, cuando escribo esto, 18 días en este mundo -que no en esta vida, que lleva bastante más-), en su lloro instintivo al sentirse desnudita, mientras su mamá le cambiaba el pañal. "Es porque piensa que se va a caer. Sujétale las manitas y ya verás cómo se le pasa", dijo mi hermana. En efecto. Fue sentir el calor de mis manos apretando las suyas y volvió a ser la misma Elenita tranquila, espabilada, atenta a su alrededor intentando captar el más mínimo detalle de color, ruido, olor, sonido, palabras, risas...
 
Su mundo se reduce a lo que lleva conociendo meses -las voces de sus hermanas y sus caricias, que le hacen sonreír (es cierto)-, los pasos de su padre y el regazo calentito y cómodo de su madre. Es el mundo seguro que todos ansiamos, aún cuando hemos crecido.
 
 
P.D. De 'Slumdog millonaire' ya hablaré, pero otro día.

Esperando el buen tiempo

Llevo meses a la puerta de mi casa, paraguas en mano, guantes de colores y gorrito con borla incorporada, con el abrigo nuevo y cansado de atrapar el largo frío de este invierno interminable.
 
Miro a lo lejos, con la nariz colorada y los ojos llorosos del helador viento que sopla, y me escondo en el rellano para protegerme, aunque sea un poco, del temporal -que debe estar cansado de arrollar con su brillante capa los parabrisas de los coches, por la mañana-. Sigo esperando a que llegue. Espero sin descanso, y más cansada que nunca porque cuando se estremecen todos los músculos del cuerpo, estos se contraen de tal manera que siempre estás en tensión. 
 
Y tras meses a la puerta de mi casa, con el temblor del frío y las mejillas arreboladas, por fin ha llegado. He decidido, pues, soltar los guantes y agarrar sus manos cálidas, poderoso sol, para no dejarle escapar durante un tiempo. Le soltaré cuando arda mucho. Entonces me pondré una sombrilla o me broncearé, con una buena cervecita de la mano, celebrando que ha decidido quedarse.

Momentos mágicos

En una ocasión me dijiste que no había personas mágicas, sino momentos mágicos. Quizá tengas razón. Lo de los momentos lo tengo muy claro. Simplemente se recuerdan como algo especial y único, irrepetible.
 
Yo sueño con vivir esa magia cada día, contigo, al igual que un día llegó a mi vida. Lo podría definir como esa chispa fugaz que llena de luz un rincón de tu vida, te envuelve en una calidez suave y anaranjada y te da un beso en la mejilla. Luego vuelves a la realidad y piensas que todo es maravilloso, aunque siga siendo igual que siempre... El mundo cambia en un segundo y se llena de emoción y de sonrisas tontas.
 
A veces la magia es el amor. Y otras muchas, las cosas son más fáciles de lo que las hacemos.
 
En una ocasión te dije que eras mágico. Quizá tenga razón, ¿no?

Al calor de la mesa-camilla

Nos caracterizamos -los humanos y humanoides que habitamos este planeta- por complicarnos la vida continuamente. Es algo común en especies que, como la nuestra, nos las damos de superiores. Mentiría si dijera que sólo nosotros somos capaces de entrar en crisis, porque la propia Madre Naturaleza se encarga de regular las que aparecen y desaparecen, y en ocasiones le cuesta un precio muy alto: el sacrificio de muchas especies. No quiero entrar ahora en quién provoca estas crisis e incluso catástrofes naturales, porque seguramente saldrían los humanos -y humanoides, en su defecto- a relucir, aunque no siempre, no seamos catastrofistas...
 
A lo que iba. Sigo pensando igual que hace un rato: nos complicamos mucho la vida. Dios creó al hombre y a la mujer y les puso a trabajar enseguida. Dios creó el Universo -así, al menos, lo creo-, y en un rinconcito casi invisible puso a millones de humanos -y humanoides- a dar mucha guerra, y a ocasionarlas. ¿Por qué? Pues porque los hombres y las mujeres tienen voluntad, sentimientos, valores, aspiraciones, pensamientos y razonamientos. Todo ello lo diferencia del resto de los animales y nos hace equivocarnos muchas veces.
 
Sin embargo, estoy convencida de que hay una vida más sencilla de la que ahora nos planteamos. Dios creó el campo y la ciudad; las grandes urbes y los pequeños feudos fueron la transformación del hombre moderno. Surgieron las bibliotecas, los museos, las compañías eléctricas y los teléfonos móviles. Se creó el centro comercial y los hipermercados, que son como una droga extraña que te invita al consumo compulsivo incluso cuando simplemente quieres llenar, de forma inocente, la cesta de la compra.
 
Y lo digo a sabiendas de que me meto en camisas de once varas y que redacto lo dicho en un momento sumamente delicado, donde valoramos mucho nuestro trabajo por la cuenta que nos trae -y a nuestras familias-. Sería falso que ahora dijera que se vive mejor en el campo, cuando agricultores y ganaderos se quejan, con razón, de que a su bolsillo sólo entran telarañas y facturas mientras los distribuidores y los intermediarios se llevan una pasta. Eso sí: al menos en el campo tendríamos menos gastos.
 
Pero voy más allá. Fuera está nevando y se ven los copos deshacerse en el suelo, suavemente. Y se me presenta una estampa divina: a mis abuelitos tranquilamente sentados alrededor de la mesa camilla de su cuarto de estar (en este caso da igual el campo o la ciudad).  Mi abuela asegura que no la cambia por nada del mundo y que, aunque tiene un salón bien hermoso, donde se está mejor es en ese cuartito al calor de las faldillas. Imagínate que, además, es la hora de cenar. Mi abuela cocina como los ángeles, aunque sean unos simples huevos fritos. Con una hogaza de pan de pueblo y un poquito de cebollita frita... se te olvidan todos los problemas.
 
Ni crisis ni leches. Seguro que así mañana voy a trabajar más relajada y con una gran sonrisa. Y si no tengo trabajo... algo encontraré, que estamos en crisis y hay que trabajar de lo que sea. Y a mucha honra.

Otoño

VISTAS DESDE EL BALCÓN Hoy el día se ha levantado de mal humor y ha tirado, con su brazo airado, todo el mobiliario de la terraza. No sé si quiere llorar o si sólo tiene una rabieta. Diría que se ha levantado con el pie izquierdo, pero -a lo mejor- algún zurdo se puede enfadar y sentirse discriminado... Así que sólo diré que hoy, 30 de octubre de 2008, el día no tiene buen día.

El viento frío se agarra a mi espalda, se lleva volando los grados del termómetro y entreteje un jersey de nudos en mis músculos. Me encojo. Mi carita se pone sonrosada y varias hojas de los árboles del parque me acarician, revoloteando suavemente a mi alrededor.

Algunas de las hojas de los castaños han caído de forma más violenta, como si la mano del día 30 de octubre quisiera arrancarlas pronto, olvidar el otoño y comenzar con el frío invierno.

Quizá empiece a nevar. Quizá son tus ojos, nublados de angustia o de emoción, los que quieran apartar el temporal que llega a tu cabezotita, que te da la vuelta, te inunda y te deja un pequeño dolor... No te preocupes, se pasará y pronto, más de lo que crees, llegará mayo...

 

Llueve a carcajadas

No se ve la luna, y eso que debe estar preciosa y otoñal en este cuartocreciente momento de gloria. Sin embargo, llueve a carcajadas y el agua limpia las calles empedradas de la ciudad. Hace un rato, más que limpiar parecía que iba a borrar los adoquines, como si fueran caramelos de ésos zaragozanos que sólo se deshacen con paciencia.
 
Imagínate la Muralla abulense despintada por la tormenta. Como una acuarela con esponja en lugar de pincel. El ocre de la piedra de sus grandes sillares, envuelto en lágrimas inconsolables que se lleva el río Adaja hacia el castro de Las Cogotas. Después, hasta el centro, hasta el mismo centro de la Moraña. Y ya en Arévalo, se lo devuelve a sus pinares y a sus campos de cereal, como un regalo de Dios para las grullas que volverán en noviembre a nadar en los labajos solitarios de sus praderas.
 
Pego mi nariz en el cristal y veo cómo caen las gotas en el macetero, regando la menta, los geranios y una gitanilla rosita que este verano renació con la inusitada fuerza del sol. Y como el cristal está frío y yo me estoy poniendo melancólica, me siento en el sofá, me envuelvo en mi mantita de tréboles y... leo. O hago punto de cruz. O simplemente veo la tele con la desgana de un sábado tardío.
 
¿Te he dicho que no se ve la luna...? Mi sobri María siempre la está mirando.

"Bocadillo de lagartijas"

Nos vimos por primera vez un cuatro de octubre. Los dos temblábamos del frío o del miedo escénico, en una escena improvisada en medio de Madrid. Me mirabas, con ojitos suplicantes, intentando descubrir en mis pupilas algún rescoldo de amor, de sentimiento, de algo... Me mirabas intentando guardar en tu cabeza cada milímetro de mí. Y, al tiempo, yo hacía lo mismo.
 
Aun así, era como si nos conociéramos de hace un siglo y por eso no me hizo falta descubrir a un niño "con pijama de cuadritos" en mitad de la calle, con una mano en un bolsillo y la otra, portando una bolsa naranja llena de cosas mágicas... Aunque lo mágico lo pude observar a la primera: eras tú. Te habías quitado el disfraz de principito y te mostrabas como un hombre que me dejó mucho más sorprendida de lo que pensaba - y es difícil superar las expectativas después de un encantamiento...-. Yo me aliené en una peli de fantasmas... y perdimos el apetito. Aun así, varita mágica en mano, nos hicimos dos bocadillos: uno estaba vivo y enamorao. El otro, era de lagartijas...

Estoy contenta

Ya lo sabía. Llevo viendo el trabajo de este chico desde hace poco tiempo, quizás un par de años, y hay una cosa que me llama mucho la atención: su accesibilidad, su normalidad, su forma de trabajar (eso no es normal, sino extraordinario). Hablo de Carlos Sastre, un abulense, barraqueño y pegado a una bici constantemente. Un luchador de los que gana a base de pequeñas victorias diarias. Y la de esta tarde -como digo, y no es vanidad, ya lo sabía- ha sido la más importante.
 
La victoria de Sastre en la crono del Tour de Fancia 2008 (20ª etapa, Cérilly - Saint Amand-Montrond, 26 de febrero) ha sido, a mi entender, la última gota de un vaso que se ha ido llenando a base de pequeñas gotitas de esfuerzo, todas encaminadas a una prueba, el Tour. Me lo decía su padre esta mañana, recién llegado al aeropuerto de París, y tras varios intentos telefónicos: "Carlos lleva preparándose todo el año para el tour". Y ha sido algo concienzudo, como quien prepara, con cariño incluido, las más duras oposiciones (véase juez, notario, etc) para quedar el primero en la lista. Y, ojo, que el primero sólo llega uno. El resto forma filas -como ya lo hizo él anteriormente- en torno al ganador.
 
Yo, que no soy una gran aficionada al ciclismo -quizá más en tiempos de Induráin, aunque yo fuera un 'mico'-, veo la actuación del Sastre en el tour y me quedo maravillada. En él cabe la 'maña' más que la fuerza, y también la 'mañana' de aquéllos que "cuando madrugan", Dios les ayuda...
 
Enhorabuena, Carlos,
estoy contenta, por lo que me toca de abulense -hacer patria nunca está mal-, y emocionada. He aprendido mucho con tu 'Tour'.

Sueños

13-18 ENERO 2006 050
A veces, y sólo a veces, la vida te juega malas pasadas. No es cuestión de culpar a un ente abstracto, a una palabra manida. Somos pasajeros del tiempo, que acucia y propina empujones con sus paradas imaginarias.
 
Mejor sería hablar de la vida y del pensamiento. ¿Por qué no somos lo que pensamos que queremos ser? Yo quiero ser de mayor... humana. Marinera de agua dulce. Deshilvanadora de sueños. Desentuertadora de entuertos, si es que existe. Incluso costurera de amores -que en algo se me debe notar la tradición mercera-.
 
El caso es que hacemos caso omiso a nuestros deseos de futuro. En ocasiones, por in-voluntad propia. Otras veces nos puede el día a día, duro y cruel, de la necesidad de sobrevivir o de malvivir, según se mire, con un sueldo mileurista, que nos (im)pide el placer absurdo de hipotecarnos...
 
De mayor quiero ser...
Feliz.
Cinco letras armoniosas, tan perfectamente combinadas que parece imposible no amarlas, no tenerlas cerca. Pero ¿tan complicado es serlo?
 
Un día enredé un sueño en la cuerda mientras tendía la ropa. Y me enamoré. De mayor -y entonces- quería estar enamorada. Era mi felicidad. Después descubrí que primero debía enamorarme de mí misma, creer en mí sobre el resto de terrestres -que Dios es otra cosa-.
 
A veces me resulta muy difícil reafirmarme en un mundo donde los perros y los gatos no se pelean ya, porque no son competencia. Luchan bulldogs contra caniches y se enfrenta el gato común con el siamés. Todo por un hueso o un trozo de tejado. Dichoso Adam Smith y su libre mercado...
 
Reafirmarme es sentir que el día a día no me va a poder durante más tiempo, que voy a defender mis ideas, por mis ideales, por mis proyectos. Pero ya no quiero sueños de futuro. De mayor quiero ser...
 
Ya soy mayor. Soy una mujer, periodista, empresaria e independiente. Lo único que necesito es seguir creyendo en mí y salir adelante con la forja de mi trabajo.
 
Y ahora, ¿qué?
Pues a vivir, que son dos días. Y a soñar, que es gratis.
 
 
 
    

Inspiración

Mi querido diario,
hoy recurro a ti, de nuevo, para desahogar la guerra interior que aprisiono con cadenas inhumanas. Si bien hay días que necesito campo, otros reinventarme y otros luchar, en esta ocasión sólo pido un poquito de paz y mucha, mucha luz. La luz fluye a veces de dentro a fuera, aunque éste no es mi caso. Comencé a escribir una fría noche de marzo y sólo encuentro borrones de tinta negra en mi cabeza, cual impresora averiada y triste.
 
Quizá con un poquito de alcohol seguro que se diluye mi fuente de escritura. De todas formas, en este caso la luz la necesito para salir de pobre. Tanta publicidad me ha hecho caer, y a estas horas intento rellenar... dos primitivas, cuatro quinielas y seis bono-lotos.
 
Mi querido diario, dame luz para atinar y poder darme el gustazo de tirarme a la bartola seis meses en las Bahamas...
 
13-18 ENERO 2006 060

Reinventarme

 RISCO(en08)AMAVIDA 003

Vaya palabreja, ¿no? Pero me voy a explicar. Cada noche, cuando me voy a dormir, reflexiono sobre lo que me ha cundido el día, lo que he hecho y he dejado de hacer. también pienso, muy levemente, sobre los planes del día siguiente. Hay días que han sido malos. Sin ir más lejos, el domingo (y no por los resultados electorales...). Fue un día de mucho trabajo -sí, por las elecciones-, agotador en todos los sentidos. Cuando has estado trabajando toda la semana y llega el domingo y es el día más interminable de la semana... a veces te fallan las fuerzas.

El domingo terminé agotada. También me falló el ánimo. Me pasé toda la tarde angustiada pensando en cómo resolver los mil problemas que se me vienen encima. Eran las mismas cosa que me rondan día tras día, hasta que, con cuentagotas, voy resolviendo algunos, aparcando otros e intentando solventar el resto, los más gordos.

Cuando el cansancio no te deja pensar fríamente, a veces cae alguna lágrima desconsolada. A mí me pasó. Todo era oscuro y sin salida. El lunes iba a ser el peor día de mi vida, seguro, tal y como estaba pasando aquel domingo electoral.

A las doce y pico de la noche terminamos y nos fuimos a casita. Yo no podía dormir. Los ojos colorados, la cara pálida y ojerosa -a pesar de haber intentado disimular un poquito, con maquillaje, ante mis compañeros-. Al llegar, me recibió el calorcito de la calefacción y el aroma de mi pisito alquilado. Puse la tele -el final de Aída, en Tele Cinco-, y me calenté un vasito de leche con una infusión de tila y, al final, colacao. Unas galletas también. Respiré hondo y vi un ratito la tele hasta que mis ojos no pudieron más, como ahora, y me metí en la camita.

Pero cuando has tenido un día difícil, las tilas no son suficientes para conciliar el sueño, así que volví a respirar hondo. Al día siguiente iba a elegir piso. Uno de esos de protección oficial, y que deberé pagar toda mi vida. De ahí una de mis angustias: pensar cómo leches voy a pagar un trozo de tierra con tejado... con lo que gano. Así lo empecé a pensar, junto con el rollo de sentirme sola, indefensa en la vida y tal y cual.

Respiré hondo. Me estiré dos o tres veces -no lo recuerdo bien- y puse freno a una lagrimita pensando en aquella célebre frase de Scarlett ante su pregunta: "¿Y qué voy a hacer ahora?". Pues eso: "Ya lo pensaré mañana".

Y así fue.

Vivre la vie...

Tus pasos son tu vida... Tus saltos de alegría, tu baile, tus gritos en el aire. No siempre son reales. A veces la imaginación fluye, fluye... y te dejas llevar, y viajas sin kilómetros, sin pasaje, sin nadar... 

LOTERÍA 011

Se hace camino...

La imagen más utilizada para hacernos entender la vida siempre ha sido el camino. Ni siquiera este concepto se puede comparar en el tiempo si pensamos, precisamente, que el tiempo es la medida -dicen- de muchas cosas.

La vida era un camino largo, pero en esta vorágine de cambios en la que nos vemos inmersos en este siglo XXI se ha convertido en un trecho -interminable- que parece recorrerse en segundos. Minutos. Horas. Días... Yo qué sé...

Vivir deprisa, para mí, ya no se lleva. Lo mejor es saborear lo que tenemos a nuestro alrededor, deshojar un momento en mil segundos y hacer de una puesta de sol el momento más maravilloso de un día entero.

Pero hay algo más. Vivir versus viajar. Habrá que aprovechar que esos largos caminos de antaño pueden ser experiencia en muchos tiempos. El primero, ni más ni menos, será el caminar: disfrutar del silencio, del paseo, del ruido, del olor real del mundo, a nuestro paso. Hillary llegó caminando hacia el Everest, y fue el primero en disfrutar del mundo desde lo más alto, con esfuerzo, empeño, ilusión...

El segundo, será ir en un medio de transporte como el coche, la bici... Nos dan cierta rapidez en el viaje, y la libertad de parar, seguir, correr, ir despacio... Yo tengo un cochecito azul que me hace soñar, me da libertad -y gastos, por supuesto- y me arranca la sonrisa de un paisaje.

Y otra forma de hacer camino es a través de esos recursos rápidos que nos da la tecnología, como el avión o el AVE -terrestre, y la polémica va en otro artículo Smiley -... Nos llevan a los sitios deseados, para vivirlos a nuestro ritmo, en tiempos que hace siglos nadie creería, a no ser Verne o Cyrano de Bergerac -este último pensó su primera y estrambótica nave espacial para llegar a la luna-.

Precisamente estos últimos -dos ejemplos de tantos- nos dan la llave para otra forma de vivir la vida y recorrerla. Dicen que no tiene límites, aunque ir más allá produce vértigo, somnolencia, o todo lo contrario: una emoción intensa que nos produce sentimientos extraños, de todo tipo. Como pasa con todo, la imaginación y la creatividad son el vehículo más pintoresco que tenemos muchos. Pero cuidado con sus alas, que a veces fallan...

PRIVILEGIOS

Esto que puedo hacer ahora mismo es un verdadero privilegio. Me refiero a entrar en Internet, con tarifa plana, y comunicarme. Entrar en las nuevas tecnologías, tener DVD y microondas... Son verdaderos lujos si estuviéramos en cualquier otra parte del mundo.
13-18 ENERO 2006 040
Escribir. Saber escribir... 771 millones de adultos son analfabetos, según los datos barajados por la Unesco.

Comer dos, tres, cuatro, cinco veces al día... Más de 840 millones de seres humanos padecen hambre crónica y absoluta, según informa Manos Unidas.

La cultura, en su más amplio espectro, es un privilegio. Y vivir en paz. Y vivir.

Cuántas veces nos tienen que recordar cómo viven otros para valorar lo que tenemos...
 

UN MES DESPUÉS

Ha pasado un mes, un corto mes de agosto en el que he reflexionado un poquito más en cuanto a clausurar definitivamente este blog.
 
Este espacio nació para contaros cómo me sentía, qué me gustaba y dónde iba. En definitiva, nació para que sirviera como una nueva forma de comunicarme con mis amigos.
 
Son pocos -pero buenos- los que siguen este blog. Os lo agradezco mucho, de verdad, porque es una forma de no sentirme sola, de sentirme un poquitín querida. Es cierto que en la vida real ya sé que es así, pero para todos es importante que nos comuniquemos por los canales que tenemos más a mano.
 
Me gusta este blog por lo que contiene. Las fotos de viajes inolvidables. Los mensajes de mis amigos queridos. Después de estos meses de existencia me cuesta mucho cortar con todo esto, una creación virtual, no sólo mía, sino también vuestra porque lo que más me importa es que lo que escriba sea parte también de vosotros. Como mi amistad sincera.
 
Besos.

NO SON HORAS

Pues no, no son horas. Precisamente estaba yo pensando en lo bien que estaría a estas horas durmiendo plácidamente. Y es que no son horas de ponerse a escribir. Sin embargo, ¿quién es el dueño del tiempo? Decían Los Panchos, y luego otros, eso de "reloj, no marques las horas porque voy a enloqueceeer...". Habrá que ver qué tiene de cierto esta poética estrofa musical que tantos 'agarraos' dio lugar en los tiempos en los que el baile se hacía hasta las nueve de la noche.
 
Impuntualidad. De esto pecan muchos. Y no me salvo; lo saben mis pacientes amigos y me cuesta reconocerlo. El tiempo lo marcan los genes, qué excusa más buena (jeje). Bromas aparte, a veces los segundos se nos escapan de las manos y una hora es un suspiro, que no es lo mismo que pasarse una hora suspirando. Realmente me cuesta entender por qué en ocasiones tardamos en hacer las cosas tanto y otras veces nada. Y por qué la cabeza no deja dormir, o todo lo contrario, como ahora mismo.
 
¿Quién marca nuestro reloj biológico? No sé qué tipo de reloj será este artilugio que hace que las personas envejezcan cada una de distinta forma. Ya he oído a algunas personas de edad avanzada eso de "yo aqui ya no tengo nada que hacer. Me va a llegar la hora en cualquier momento". Qué fácil decirlo y qué complicado saberlo en realidad, cuando aún no se ha apagado el reloj más complejo que conozco.
 
Me he dado cuenta de que los momentos de dicha, de felicidad, de sencillez, de paz, en nuestros recuerdos se convierten en breves segundos de recuerdos. Curiosamente los podemos alargar en nuestros pensamientos, con una gran suerte: apenas ocupan lugar. Son ligeros y hermosos, y no nos pesan como los dramas vividos, las malas experiencias, que en nuestra mente se transforman en pesadas cadenas.
 
Cuando el reloj marca, como ahora, las dos de la madrugada, sin poder pegar ojo en la almohada, lo mejor que puedo hacer es brindarme un pensamiento positivo y relajante. Mi preferido, y esto es mi secreto a voces, es pensar en el fluir del río Alberche en sus orillas por la comarca que le da nombre. El lugar concreto me lo guardo con mucho cariño, como lo que es: algo sencillo y a la vez grande. Un segundo de paz completa en mi memoria.
 
"Detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amaneeezcaaaa"...