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    CERRAMOS POR ABANDONO

    Visto que a muy poca gente le interesa leer este blog, he decidido cerrarlo dentro de un mes. Es muy triste comprobar a la poca gente que le interesa nada compartir cosas conmigo o interesarse por cómo pienso. Un blog en Internet que no se lea es como un cartel en el desierto. Desisto. 

    VISITA EN SILENCIO

    Hoy voy a hablar de Peñalba de Santiago. O mejor dicho, de San Genadio, un ermitaño que habitó estos lares y por el que, seguramente, darían el nombre al río, que, a su vez, nomina al Valle del Silencio.
     
    El silencio es la palabra que mejor define esta pequeña población leonesa. La separan apenas 20 kilómetros de Ponferrada aunque, recorriéndolos, me doy cuenta de lo distintas que son las mismas medidas dependiendo a dónde vayas.
     
    En el Valle del Silencio vivieron varios eremitas. Se apartaron del mundanal ruido para refugiarse en cuevas y vivir de la naturaleza, en un momento en el que a nosotros nos parecería que apenas sonaba el aire entre los árboles. Hoy día, necesitamos ruido para vivir. Televisión, radio, ordenador, coches... De ahí que el otro día me sorprendiera la calma que reinaba en Peñalba de Santiago.
     
    Los pájaros ponían la nota musical en armonía con la naturaleza. Calles empedradas, techos de pizarra y flores en los balcones, en las fachadas de las viviendas. Ya me ha ocurrido alguna vez que al entrar en un pueblo tan cuidado me diera la impresión de que alguien lo había reconstruido para mis ojos. Me gusta la idea...
     
    Me quedé con las ganas de entrar en la iglesia parroquial, un templo mozárabe de esos que se estudian en los libros de texto y del que, por supuesto, ya me había enamorado antes de verlo en persona. Majestuoso y sencillo al mismo tiempo. Mirando al valle. Dirigiendo su silencio espiritual.
     
    El silencio es la palabra que yo necesitaba allí. La palabra y el acto. Puede que lo mismo les ocurra a otros que llegaron antes, a los que estaban por ahí el día que lo visité, a los que paren por este lugar en algún momento... Tranquilidad, paz. De vez en cuando se necesita.
     
     

    GREDOS EN CONCIERTO

    Este fin de semana ha sido movidito. Al menos para las cerca de 9.000 personas -9.500 según la organización- que se han acercado a la localidad abulense de Hoyos del Espino a disfrutar del Festival Músicos en la Naturaleza, una iniciativa de la Fundación Patrimonio Natural, dependiente de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León.
     
    Han sido dos días y siete grupos musicales. El viernes actuaron Dolores O'Riordan, ex vocalista de The Cranberries, así como Echo and The Bunnymen, un legendario grupo que se formó en los años setenta y que aún sigue dando guerra. En la página nacional, estuvieron los hermanos Luis y Santiago Auserón, ex de Radio Futura, y lo que queda de Los Secretos.
     
    El sábado fue el turno de Pet Shop Boys, Nacha Pop y Ronaldos. En este punto, señalar el significado de la actuación de Nacha Pop. Antonio Vega y Nacho García se reunieron en un escenario casi 20 años después de la última vez. A pesar de las dificultades, Antonio Vega sigue vivito y coleando, dando guerra musical y, por primera vez, en Ávila... después de tanto tiempo... El caso es que todos estos grupos, de perfil ochentero, acudieron con la idea de mover un gran número de gente.
     
    El concierto del viernes no fue muy numeroso. La finca Mesegosillo, propiedad comunitaria de bastantes personas de Hoyos del Espino, fue el lugar donde se reunieron más de un millar de personas, según algunos, y unas 3.000, según la organización, en un concierto que se pretendía multitudinario, a la entrada del parque regional de Gredos. Nada que ver con las 10.000 personas que acudieron a ver a Sting el año pasado en el mismo escenario, todas el mismo día. El sábado se animó la cosa, calculando unas 6.000 personas como público.
     
    El hecho de que no se reuniera a tanta gente como la esperada puede deberse a muchas causas. La primera es la falta de promoción con detenimiento y tiempo. A tan sólo un mes de la actuación, la Junta se dignó a confirmar los nombres y la fecha. Quizá el motivo fueran las elecciones municipales, ya que hasta después de las mismas no se quiso desvelar nada, aun con las múltiples peticiones que realizábamos los periodistas para conseguir la información.
     
    Quizá otra causa fuera el elevado precio: 50 euros por día y 80 euros los dos días del festival. En Ávila estamos acostumbrados a otros precios, la verdad. Incluso en Madrid, que asumen con resignación cómo van subiendo los precios de las entradas de los conciertos, también les parecería caro el tema. Hasta la entrada del concierto de Sting fue bastante más barata. Más así si puntualizamos que de los 50, 10 euros de cada entrada se destinarán a la Fundación Patrimonio Natural para recuperación del medio ambiente en los parques naturales de nuestra región.
     
    Hay quien ha criticado que estos conciertos se desarrollen tan cerca de un parque natural y ha abogado por buscar otra ubicación, cambiando una finca rústica por un campo de fútbol o una plaza de toros. Pero la gracia de estos conociertos está precisamente en ubicarse en plena naturaleza. Eso sí: con el mayor de los cuidados.
     
    En fin. Esta iniciativa pretende llenar de música los espacios naturales. De hecho, ha sido hoy, cuando he abierto el correo electrónico, cuando he comprobado que se van a seguir realizando actuaciones en el mes de julio con la actuación, en las riberas de Castronuño, en Valladolid, de Katheleen Berger, una soprano norteamericana que actuará no sólo allí. Serán también escenarios Palencia, Burgos, Soria, Segovia, Zamora, Salamanca. La entrada es ... ¡Gratuita!? Os lo prometo. Después de venir a Gredos a sajarnos, se van al resto de las comunidades a realizar conciertos libres de precio. Me da igual la temática o el artista.
     
    A lo mejor no entiendo bien las cosas, y aun así pienso que esa ruta por las provincias castellanos y leonesas no está nada mal. Pero ¿por qué unas cosas con precios elevadísimos y otras gratis? ¿Acaso sale el dinero de la recaudación del concierto de Gredos? ¿Qué acciones concretas va a desarrollar la Junta en el parque regional abulense si el próximo año hay otro festival en Gredos???
     
    No lo sabemos. Sólo que necesitamos los bienes que nos da la naturaleza, pero también que tenemos que integrar las necesidades humanas en los bosques y su cuidado más absoluto. Sólo así podremos dejar que pervivan los espacios rurales, las zonas verdes, los lugares por descubrir. Y sobre esto último os digo una cosa: yo estuve en uno.

    POR FIN, AGUA

    Lo he visto con mis propios ojos: el pantano del Burguillo está lleno. Es una verdadera alegría, después de haber sufrido los últimos años la tremenda sequía que ha hecho, incluso, que el carácter de muchos de los habitantes del abulense Valle del Alberche se agriara hasta límites políticos. No es broma lo que digo. Hace tres años, el entonces alcalde de Hoyocasero 'sufrió' en sus carnes una moción de censura y supuso su fin en la alcaldía. Los vecinos le culpaban de la falta de agua.
     
    Quizá este caso sea un ejemplo de lo que puede ocurrir en tiempos de escasez de los bienes más comunes. Agua, luz, calor... Qué importante es, muchas veces, valorar lo que tenemos antes de que desaparezca. Aunque sea de forma momentánea. Cuántos de vosotros habéis rabiado al perder, de repente, la conexión a Internet -y eso que hemos hecho una necesidad de lo que verdaderamente es un lujo...-.
     
    El otro día, cuando pasé por el pantano del Burguillo, no pude por menos de sonreír. El Valle de Iruelas, en la margen derecha del pantano, es un verdadero espectáculo de verdor, agua, flora, fauna... De vida al fin y al cabo. Tengo que volver a pasear por sus caminos, ya que el otro día -era lunes, no había nadie- me dio un poco de miedo y me embarqué en mi pequeño coche durante kilómetros hasta llegar a un pequeño pueblo casi fantasma: Rinconada. El paisaje hasta esta pequeña población, con una puesta de sol entre altos pinares, me resultó impresionante. Y mucho de ello es gracias a las últimas lluvias... Ahhh, quiero volver. Hay tantos rincones en los que disfrutar de un verano que sea resultado de una primavera fecunda... Burgohondo, Navaluenga, Navalosa, Serranillos, Hoyocasero... En esta ocasión sólo hablo del Alberche, pero ya tocará hablar del Tiétar, de la Moraña o del Valle Amblés.
     
    Bueno, os dejo. Voy a beber agua... pero embotellada (en tiempos de vacas flacas no tendré más remedio que beber agua oxidada, digo, del grifo... jeje).

    NO SON HORAS

    Pues no, no son horas. Precisamente estaba yo pensando en lo bien que estaría a estas horas durmiendo plácidamente. Y es que no son horas de ponerse a escribir. Sin embargo, ¿quién es el dueño del tiempo? Decían Los Panchos, y luego otros, eso de "reloj, no marques las horas porque voy a enloqueceeer...". Habrá que ver qué tiene de cierto esta poética estrofa musical que tantos 'agarraos' dio lugar en los tiempos en los que el baile se hacía hasta las nueve de la noche.
     
    Impuntualidad. De esto pecan muchos. Y no me salvo; lo saben mis pacientes amigos y me cuesta reconocerlo. El tiempo lo marcan los genes, qué excusa más buena (jeje). Bromas aparte, a veces los segundos se nos escapan de las manos y una hora es un suspiro, que no es lo mismo que pasarse una hora suspirando. Realmente me cuesta entender por qué en ocasiones tardamos en hacer las cosas tanto y otras veces nada. Y por qué la cabeza no deja dormir, o todo lo contrario, como ahora mismo.
     
    ¿Quién marca nuestro reloj biológico? No sé qué tipo de reloj será este artilugio que hace que las personas envejezcan cada una de distinta forma. Ya he oído a algunas personas de edad avanzada eso de "yo aqui ya no tengo nada que hacer. Me va a llegar la hora en cualquier momento". Qué fácil decirlo y qué complicado saberlo en realidad, cuando aún no se ha apagado el reloj más complejo que conozco.
     
    Me he dado cuenta de que los momentos de dicha, de felicidad, de sencillez, de paz, en nuestros recuerdos se convierten en breves segundos de recuerdos. Curiosamente los podemos alargar en nuestros pensamientos, con una gran suerte: apenas ocupan lugar. Son ligeros y hermosos, y no nos pesan como los dramas vividos, las malas experiencias, que en nuestra mente se transforman en pesadas cadenas.
     
    Cuando el reloj marca, como ahora, las dos de la madrugada, sin poder pegar ojo en la almohada, lo mejor que puedo hacer es brindarme un pensamiento positivo y relajante. Mi preferido, y esto es mi secreto a voces, es pensar en el fluir del río Alberche en sus orillas por la comarca que le da nombre. El lugar concreto me lo guardo con mucho cariño, como lo que es: algo sencillo y a la vez grande. Un segundo de paz completa en mi memoria.
     
    "Detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amaneeezcaaaa"...

    EL DÍA DESPUÉS

    Pensaba yo que íbamos a tener unos resultados distintos, emocionantes, en esta jornada del 27 M. A ver, no digo que pensara que el PP iba a dejar de gobernar, por supuesto, sobre todo porque la gestión municipal en la capital abulense considero que ha sido bien valorada. En mi opinión, así debiera ser porque considero que, en líneas generales, su equipo, el de García Nieto, "el señor García", como lo llama Mercedes Martín, ha velado por los intereses generales de la ciudad, sobre todo en cuanto a progreso.
     
    Matices y puntas que se pueden sacar, haberlos haylos y muy variados y extensos (de eso se puede hablar otro día, y se admiten sugerencias). El caso es que revalida e incrementa su mayoría electoral, aun puntualizando que ha habido bastante menos gente interesada en salir a votar en la tarde del domingo.
     
    Pensaba yo que Izquierda Unida iba a seguir manteniendo al menos su representación actual, pero no: baja un escaño, y también bajan las nuevas caras socialistas -aunque mantienen número de procuradores-, dos mujeres de armas tomar que han tenido que lidiar en la campaña con su jefe de la ídem, todavía poderoso en las filas de su partido. Se ve que se ha sentido tan molesto con su defenestramiento que no ha querido que una mujer como Mercedes Martín consiguiera más votos que él (y luego llaman al 'señor García' machista). Y vaya si lo ha conseguido. Pero es mejor no meterse en cuestiones internas de los partidos...
     
    Por cierto, que también me quedo con ganas de comentar los respaldos ciudadanos en algunos municipios que se han visto 'azotados' informativamente hablando por supuestas corrupciones urbanísticas. Incluso apuestas firmes por arrebatar grandes ayuntamientos que, en casos concretos, como Arévalo, se han consolidado con creces para el PP y en otros, véase Arenas, se han visto evidentemente sacudidos por la izquierda que, probablemente, gobernará en coalición. Será que lo del hospital del Tiétar está afectando mucho, y es cierto que se necesita. A ver si los que se quedan luchan de verdad por esta repetidísima promesa.
     
    Llega el día después de las elecciones municipales y autonómicas con resultados que bien puede definir la frase de un 'dios', con perdón, de uno de los principales partidos que renueva mayoría -simple, eso sí-. A la pregunta: "ahora, a formar gobierno, ¿no?", y dijo: "el gobierno ya está formado, seguimos siendo los mismos. Por tanto, ¡a trabajar todos!". Pues eso.

    ÚLTIMO DÍA DE CAMPAÑA

    25M. ÚLTIMO DÍA DE CAMPAÑA ELECTORAL. Parece que fue ayer cuando comenzó la vorágine de los políticos. Todos ellos visitando asociaciones, colectivos, organismos y entidades. Intentándoles convencer de las bondades de su programa. Diría que fue ayer cuando comenzó la campaña electoral, pero no: ni siquiera empezó hace quince reglamentarios días. Llevamos así seis meses, casi. Y sin 'casi': desde septiembre de 2006. Un martirio, os lo aseguro.
     
    Quizá la política sea algo más que un paripé durante seis meses cada cuatro años. Al menos, es lo que espero. Es el último día de campaña electoral a las municipales y autonómicas y, mira tú, aparte de cansada estoy... poco convencida. Puede ser que desde el ámbito periodístico se nos desvelan las máscaras políticas. De los políticos. Por eso de que en un municipio en que ya todos nos conocemos la confianza 'da asco' -es un decir- y cualquiera de las premisas que nos exponen nos parece una simple venta. Los políticos son una especie de comerciales de ideas. Trabajan para cada uno de sus partidos y estos, a su vez, nos aseguran que se emplean en el bien común. Puede ser; pero entonces en lugar de ideas nos tendrían que vender dos cosas: ideales y hechos. Ah, qué difícil lo tienen nuestros políticos.

    MUY PERSONAL

    ¿No te ha pasado alguna vez que necesitas sentirte querida o querido? Pues eso, precisamente, es lo que siento en estos momentos. Es algo muy personal, lo sé, pero al escribirlo intento que se frivolice, que se disuelva el asunto entre las cientos de miles de millones de webs y de blogs que vuelan por la Red de Redes.
     
    Y además puedo escribir bien alto algo que ya dijo una mujer de armas tomar, a la que la debilidad de la ambición le robó el amor -y no digo que sea mi caso, espero que no...-: "Ya lo pensaré mañana". Pues lo dicho, Scarlett.

    ELECCIONES DESANGELADAS

    Parece que no nos queda otra. La democracia y las normas de la misma hace que incluso el elegir sea bastante pobre en nuestra España actual. Ojo, que con esto no quiero decir que me parezca mal, ni tampoco bien... Simplemente es raro pensar que en tres, cuatro, cinco partidos mayoritarios se encuentren todas las formas de pensar de cuarenta millones de personas.
     
    En este caso de las Municipales y Autonómicas, la cosa parece, quizás, más cercana. ¿Votamos a la persona? ¿al partido? ¿a la ideología? O incluso habrá gente que vote contra una forma de pensar. Como en el fútbol.
     
    No sé qué me pasa este año que siento las elecciones bastante desangeladas. No hay debates porque los gobernantes castellanos y leoneses, los abulenses en este caso, no sienten la necesidad de hacerlo. Quizá porque tienen más que perder que otra cosa. De todas formas, hoy otro de nuestros políticos nos contó a un grupo de periodistas que la candidata a la alcaldía del primer grupo de la oposición se quedó casi sin habla ante una charla -ni siquiera debate- inesperada en una cena de 'hermandad' entre los principales grupos de izquierda, organizada por una nueva fundación cultural con socios renombrados.
     
    No sé qué me pasa este año que me parece que votar no tiene misterio, que ganarán en Ávila los de siempre, que la oposición se ha asentado en esta o-posición y no tiene carácter. Las ideas son manidas, recurrentes y aburridísimas. Os lo digo yo, que me trago muchas de las ruedas de prensa con las que se empeñan en torturarnos.
     
    Y nosotros, sin reaccionar.
     
    Será porque los malpagados no se sienten con la obligación de tener pasión por una profesión de ésas en las que hay que tener vocación... No sé, porque los políticos parece que, ni con su sueldo, se toman en serio esto de conseguir votantes.

    ANIVERSARIO

    Fue hace 556 años. El palacio de Juan II, escondido entre las murallas de Madrigal de las Altas Torres, vio nacer a una niña. Se llamaba como su madre: Isabel. Una madre que se quedó a vivir en Madrigal mientras que ella viajó. No tuvo más remedio.
     
    Arévalo, Valladolid, Ávila, Sevilla, Granada... Conoció -y la recomendaron- a un chico de alta alcurnia, llamado Fernando. Fue un poco como ahora. Tú me mandas un retrato, yo te mando otro, presiones por un lado de que la relación no "conviene"; presiones de que es necesario y políticamente ventajoso... En fin. Isabel y Fernando se casaron y empezaron a enfrentarse juntos a la vida.
     
    Mucho antes de su matrimonio la tocó luchar.
     
    Cada vez que paso por el paraje de los Toros de Guisando -en el término municipal de El Tiemblo y muy cerca de San Martín de Valdeiglesias- por esa carreterita que une discretamente la nacional 501 con la CL-505 (quizá me equivoque, ya lo miraré), se me pone un nudo en el estómago de la emoción. Es un lugar mágico y apasionante, como la Muralla de Ávila. Allí han pasado tantas cosas...
     
    Si alguna vez pasas por allí, detente, como hicieran tantas personas durante siglos en aquella venta ubicada junto a los hitos pétreos del pasado romano o vetón. Venta juradera donde pararon Enrique IV y su hermanastra Isabel, el primero llegado desde Cadalso de los Vidrios y la segunda, desde la ilustre villa de Cebreros. Allí firmaron que Juana era hija ilegítima del entonces rey, lo que suponía que la joven Isabel era la heredera de los reinos que gobernaba su hermanastro...
     
    Si miras atentamente a cada uno de los verracos de piedra, enormes, colocados uno al lado del otro y hasta contar cuatro, se muestran sus heridas de guerra. Esas huellas que el tiempo ha dejado -en uno sobre todo, parcheado, el pobre, con cemento, que le volvió parcialmente a la 'vida'- y que les han hecho más fuertes. Dos mil años... ¡Y nosotros nos quejamos de la edad!
     
     
     
     
     
     

    PALABRAS, PALABRAS, ACTOS...

    Hay quien dice que las palabras se las lleva el viento, y quizás tenga parte de razón. Decimos tantas cosas sin apenas pensarlas...
     
    Pero no me negarás que también hay muchas cosas que quedan por decir... Cosas buenas, agradables y sentidas, y que muchas veces jamás llegarán a escuchar nuestros oídos. Y es una pena.
     
    Tal vez eso de que 'la mejor palabra es la que está por decir' se refiera a que nos llenamos la boca de frases superficiales que parecen querer ganar en una lucha a nuestro interior. Ese interior que es como un volcán dormido, que no queremos despertar por miedo a lo que salga.
     
    Tal vez algunos filósofos, escritores y pensadores quisieran borrar la idea de una supuesta superficialidad de las palabras a fuerza de plasmar sus pensamientos, sus teorías y sus sentimientos en un trozo de papel. En un libro. En una pared. En un cuadro... No todos, pero ahí está el poder de la selección que tenemos cada uno.
     
    A lo mejor esto que estoy escribiendo suene a topicazo barato, a filosofía del montón. Sería una pena que pensaras esto, la verdad. Mi intención es expresar dos ideas que tengo. Una es que casi siempre lo más importante que nos pasa, que sentimos o que simplemente interpretamos de este mundo nos lo quedamos dentro, como si fuera un gran secreto inconfesable. Cuántas veces nos alegra compartir alguna de estas cosas con las personas más afines.
     
    Personalmente me encanta -y me cuesta, como a casi todos- compartir lo más profundo de mi corazón, al contrario de lo que pasa con esas pequeñas alegrías, tristezas o curiosidades, como una puesta de sol o una buena rosquilla casera, que me hacen tan feliz.
     
    Sin embargo, todo tiene un porqué. Es ése que queda en el tintero de mi alma -quizá te ocurra a ti lo mismo- y que en muy raras ocasiones sale al exterior, sobre todo por falta de oportunidad en una buena conversación.
     
    Y la segunda idea es que, en muchos casos, lo mejor que podríamos hacer es quedarnos callados. Dice una canción de Depeche Mode ('Enjoy the silence', del disco 'Violator'), que disfrutemos del silencio y que todo lo que nos gusta y queremos está aquí, en nuestro corazón. Bueno, con todos mis respetos, yo añadiría que lo mejor de nuestro corazón es lo que debemos expresar, pero con actos. Y, por qué no, reforzarlos con alguna palabra o frase productiva, intentando no dar por supuesto todo, que eso también pasa.
     
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    Que las palabras se las lleva el viento es algo que se demuestra todos los días. Dimes y diretes que se recuerdan toda una vida, a pesar de no ser reales (¿no te han dicho alguna vez algo tan importante como un 'te quiero' que no sabes dónde ha quedado?).
     
    ...Aunque hay frases que me encantaría que fueran realidad, como una de San Agustín, que descubrí hace un par de años y que me hace no perder la esperanza en ningún aspecto de mi vida: "No existe cosa alguna, por difícil o fea que sea, que el amor no pueda vencer".
     
    Pues eso.

    PEATONALIDADES

    Aquí dejo uno de esos relatos de hace tiempo... ¡Ahh qué recuerdos! 

    Desde que estoy intentando sacarme el carné de conducir, veo las cosas de otra manera. Ya no pienso como si fuera un simple peatón, que amenaza con sus lanzadas piernas al paso de los conductores intrépidos. Ahora intento ser precavida y, en mi cabeza, está una futura conductora, más que una transeúnte. Me pongo en el lugar del volante, intentando averiguar el porqué de las peatonalidades.  

    Camino como si tal cosa por la ciudad. Estoy algo absorta, observando la Muralla abulense y el impresionante espectáculo de sus piedras berroqueñas. Pero no tardo en volver a la realidad. Un potente claxon me avisa que estoy en medio de la calle San Segundo, con el semáforo en verde, cruzando por y cuando no debo. "¡Señora!, grita, ¿Qué quiere?, ¿matarme de un susto?"- realmente está indignado el señor, y tiene una extraña vena palpitándole en la sién... "Lo siento...", respondo tímidamente, terminando de cruzar hasta el otro lado de la calle. La muralla pasa a un segundo plano y oigo mi corazón latir con fuerza. De la impresión. Como un amor exagerado que no te deja pensar. Tendré más cuidado la próxima vez. Seguro.

    Si todas las historias terminaran bien... Si en todas partes hubiera buenos buenísimos y malos malísimos que siempre acaban derrotados, desterrados, deprimidos o reconvertidos... sería todo más fácil. Era lo que pensaba yo después de salir del cine aquel día terrible. Era una peli compleja, en al que ni los buenos eran unos santitos ni los malos eran la marabunta. Era de seres humanos a los que las cosas les va de distinta manera, y les toca una vida, como la suerte. Y ¿quién no ha tenido un mal día alguna vez? Sin ir más lejos, el viento no había soplado muy a mi favor ese día que, además de otras historias, me había examinado de conducir.  

    Todos tenemos nuestros días y nuestras cosas. Se suelen juntar, imprevisibles, para darte un susto de campeonato. O, como en esta ocasión, para chocarse, toditas ellas, contra el capó del coche de la autoescuela.  

    Las piernas me habían empezado a temblar bastantes horas antes del examen. Pese a las tilas y valerianas que me acompañaban, insufribles, en la agonía del que llevan a colgar, no conseguí aplacar mis nervios. De las piernas llegaron hasta los brazos, y hasta las manos, y hasta los ojos, que miraban, miraban y miraban... y no veían nada. "Si no puedes con tu enemigo, únete a él", pensé, mientras me saltaba un enorme, ancho y rayado paso de peatones -que, por supuesto, no vi-. Fue el principio del fin. "A la derecha, señorita", dijo el examinador mientras, con todo su asombro, me iba hacia el centro de la calzada, atravesando una estrepitosa raya continua. "Aparque en esta calle, donde pueda, señorita". El intermitente bailaba de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, en aras de mi indecisión. En silencio, pensaba dónde estaría aquella tarde infantil en la que Coco aclaraba sus diferencias políticas con el Monstruo de las Galletas.  

    Mientras buscaba un sitio decente, es decir, grandecito, para dejar el imponente carro que intentaba manejar, un peatón inconsciente, de esos a los que ya no entiendo, cruzó ¡delante de mí!, a tres metros de un paso de cebra. "¡Dita sea!, y ¡qué hago ahora?", musité, mientras daba un frenazo monumental y observaba la cara de espanto de mi profesor de autoescuela, que abrió la ventana y sugirió al imprudente todo lo que él y su familia podían ser. A estas alturas, mis piernas habían desaparecido. Y, con ellas, las posibilidades de arrancar el enorme coche que conducía. "¡Mierda!, (perdón)" -reaccioné. En ese momento, me percaté de que, al dar el frenazo, no había cambiado la velocidad, y mis intentos de arrancar en segunda resultaban totalmente infructuosos. Al darme cuenta, metí primera. Recorrí tres metros, justo hasta el paso de peatones... ¿los perros son peatones? Pues estaba pasando uno. Uno de esos pequeñajos que ni pinchan ni cortan. Justo por el mismo centro de la cebra, como si nada. Como si durante toda su vida hubiera estado estudiando educación vial. Miró a ambos lados de la calzada, y se aventuró, pausado y algo altivo, hacia la otra acera. El examinador se reía por lo bajini, y mi profesor, desquiciado.  

    "Mientras no llueva...", pensé, demasiado tarde, porque el cielo estaba a punto de reventar, ante el estupor de cinco individuos que cruzaron precipitadamente la calle por donde les vino en gana. Y yo, clavada, con cara de circunstancia, mientras un millón de coches pitaban a mis espaldas. Intenté tranquilizarme, mientras accionaba el parabrisas -demasiado rápido- y arrancaba, ya en primera, para no entorpecer aún más el congestionado tráfico.  

    Al salir del coche, aguanté los dos chaparrones que me cayeron. Uno, del profesor y, el otro, de la naturaleza, ésta última no por ser ni peor ni mejor, sino influida por un afán de fastidio que ya venía implícito en el día.  

    Y es que, al salir de ver la película, el mismo día del gran fracaso motorizado, comprendí que la vida está llena de zancadillas del destino, que se sitúan una frente a otra para no dejarte pasar algunos días, mientras que, en otros, desaparecen las trabas y sale el sol, aventurero y tranquilo.  

    Las tres veces que suspendí el examen práctico de conducir, me tragué algún semáforo de caramelo rojo, golpeé suavemente, como sin quererlo, un contenedor de plástico -material que agradeció mi profesor autoescuelista, que "no había terminado de pagar el coche" (Y mi salud, ¿qué?)-. Me subí a un par de bordillos, evidentemente mal situados, y utilicé el espejo retrovisor para comprobar que no tenía ojeras. Eso sí, respeté el resto de las señales de circulación y saludé a todos los conocidos que cruzaron por las cebras, y parecían saltar por la gran sabana africana, entre lluvias, coches y coches.  

    Mañana me examino de nuevo. Esta vez, para aprobar. Tengo los nervios en el bolsillo y un kilo de buena suerte de reserva en la mochila. Desconectaré el móvil, para evitar imprevistos, y procuraré no volver a olvidar el carné de identidad.  

    Y esta tarde saldré a pasear por la ciudad, a vivir mis pasos antes de que se extingan sobre el embrague y el acelerador. Todo lo que asimile sobre las múltiples peatonalidades, lo guardaré como oro en paño, para no perder el sonido de mis pasos tras el motor del coche.  

    "¡Está usted aprobada, señorita!"  

    Llueve. El territorio marcado anteriormente por mi paraguas se ha transformado en un cómodo espacio de turismo con limpiaparabrisas. ¡Al centro! Al centro vamos, cuando consiga arrancar. ¡Ah, la primera...!

    ENTRE SALAMANCA Y ÁVILA

    Hace poco tuve que ir a Salamanca. Fui por trabajo y por turismo, porque yo siempre aprovecho estas cosas. Estuve de día, vi anochecer y luego volví a Ávila, con una sonrisa en los labios y con la satisfacción de haber conseguido mi primer viaje soleado de todo el invierno.

    La verdad es que siempre he tenido un buen concepto de Salamanca como ciudad. La veo próspera, llena de iniciativas, viva y en crecimiento. Y, a pesar de todo, sigue contemplando la impronta del tiempo en sus calles, en sus monumentos, en su hermosa plaza. Su catedral me volvió a dejar impresionada. Conocí un bello rincón, el jardín de Calixto y Melibea que, a pesar del invierno, dejaba entrever una bonita primavera. Desde allí anocheció ese día para el resto del mundo.

    Y luego volví a Ávila. Tienen muchas cosas en común, ambas ciudades declaradas por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, entre otras cosas. Y, sin embargo, también me quedaron patentes muchas diferencias. En el arte, igual de impresionante pero con otros estilos. Ávila románica en su mayor parte. Salamanca, más renacentista y barroca. Y en la gente… había muchísimo ambiente en las calles salmantinas. Y no es que menosprecie la tranquilidad de Ávila pero…  

    Y es que en Ávila todavía queda mucho por crecer, por rebasar la frontera de los cien mil habitantes –rondamos los sesenta y pico mil-. Y a pesar de que se han construido viviendas para alojar, si me apuras, a toda esa población, todavía faltan servicios, trabajo variado, ocio, iniciativas, concepto de ciudad grande y, sobre todo, convencer a todos los madrileños que han comprado piso en Ávila de que trasladen aquí su residencia, después de haber satisfecho la oferta de elevados precios inmobiliarios que han perjudicado a los abulenses. Que se queden aquí, eso sí que es difícil.  

    Y ya veremos dentro de un año si pueden venir en tren… En fin, siempre nos quedarán las Murallas.

    UN POQUITO DE SOL...

    Esto de que los inviernos sean tan largos en Ávila es un poco aburrido. Si por lo menos lloviera y nevara en condiciones para evitar las sequías en verano... Pero ni eso.
     
    Ya sé que la primavera no empieza hasta el 21 de marzo, pero estoy deseando ver un poco de luz, un poco de verde en las ramas de los árboles y, aunque luego me tenga que tragar mis palabras, algún que otro insecto...
     
    En esta ocasión, se me está haciendo muy largo el frío. Tengo unas ganas locas de contemplar la floración de cerezos y almendros, de empezar a "amueblar" la terraza de plantas y flores -no tengo ninguna todavía- y de no tener que llevar bufanda. Bueno, eso me da igual.
     
    Quiero un poquito de sol, que siempre reaviva el ánimo y arranca sonrisas. Quiero ir al campo!!!

    AMAR Y ENAMORARSE

    En mi foro interno, tenía casi claro que no quería no caer en el tópico de escribir en día de los enamorados. Hacer algo así como esquivar una piedra en la carretera. O mejor, como irme por otra calle y dar un rodeo para no encontrarme contigo. Pero el teclado, muchas veces, puede más que el impulso racional que lo censura, y aquí estoy.
     
    Porque ante todo, y pese a los comercialismos de este día, hoy es una manera de recordar lo importante del amor, de la ilusión, del cariño, de la necesidad de compartir. Qué difícil es, para algunas personas, poder amar. ¡Con lo que desestresa! Amar -y saberse amado- te deja indefenso ante la vida y, al mismo tiempo, te carga de inmunidad ante sus problemas.
     
    Al contrario de lo que muchos piensan, yo creo que amar no es tan difícil. Y fíjate, tú que lees esto: no eliges quién te gusta. Quizá tampoco de quién te enamoras. Pero a quién quieres, de todo ese elenco, eso sí que, en cierto modo, lo eliges. Porque querer tiene más de voluntad, creo yo, que de otra cosa.
     
    Porque a veces hay que hacer tantos esfuerzos por las personas que amas... Amor en mayúsculas. No hablo de enamoramiento. Nos esforzamos por nuestros padres, hermanos, tíos, hijos, amigos, pareja... Es cuestión, como digo, de voluntad. Eso sí: pensando en que hay alguien, al otro lado, que vela por nuestro bienestar, por nuestra felicidad...
     
    Pero una voluntad que es como la vida misma: con sus pros y contras, con sus desengaños y sus recompensas. Y, sobre todo, con una dosis de cariño que es difícil que sepamos de dónde proviene. Paciencia, perdón, sonrisas, alegría... Es un misterio.
     
    Hace poco leí una frase de un enamorado a su enamorada. Una frase que me ha impactado. No la voy a repetir por el sumo respeto que, al menos al que conozco, me merece, pero básicamente pedía una cosa: ser capaces de amarse en la torpeza.
     
    Añado una cosa: ser capaces de elegir bien a quién amamos... Aunque eso ya es de nota.

    A LUCÍA

    Lucía tiene cuatro añitos recién cumplidos. Exactamente en el día de hoy. Es mi sobrina mayor, un encanto de niña. Tiene una voz muy dulce, es muy inquieta y bastante cabezota. Pero también cariñosa. Curiosamente son rasgos que tiene buena parte de mi familia. Y muy en especial, el sector femenino.
     
    En este pequeño espacio me apetecía plasmar una felicitación para Lucía, aunque seguro que no la va a leer... Pero da igual. No sé qué tienen los sobrinos, como una magia especial, que sugieren un extraño y potente cariño.
     
    Me acuerdo que el nacimiento de Lucía fue como un brillante rayo de sol en los ventanales de las casas de mi familia. Mis padres, abuelos por primera vez... Mis hermanos y yo nos estrenamos como tíos y tías... Y mis abuelos y mis tíos... ni os lo cuento. Y es que comenzaba una nueva generación.
     
    Después de Lucía llegó María, que ha heredado los rizos castaño-rubios de su hermana. María es más picarona y muy graciosa. Está en la edad de parlotear a medias las palabras, desde el final, e imita a pie juntillas lo que hace la mayor. 
     
    Y luego llegó Jorge, desde pequeño luciendo una sonrisa gracias a la cual hemos levantado el ánimo sus propios padres, sus tíos y sus abuelos más de una, dos y tres veces en los casi diez meses que lleva en este mundo.
     
    Y la cuarta, Anita. Mi hermana Mª Ángeles y Javi acertaron al ponerla ese nombre que, por partida doble, se ha agradecido. Y por lo que le toca a mi hermana Ana, la verdad es que su sobrina y tocaya cada vez se la parece más. En el brillo de sus ojos, en lo espabilada, en la carita redonda... y en que se nota que también es una luchadora. ¡Y no llega a los cinco meses!
     
    Estos son mis sobrinos. Ahh, qué tendrán...
     
    Felicidades, Lucía.

    PESCADOR DE GOTAS DE LLUVIA

    He cogido un libro en la biblioteca. Uno de esos libros que, al hojearlos, huelen a papel escondido en cualquier baúl abandonado en un hueco del desván. Uno de tantos, encuadernado en rojo, con los bordes raídos, con miles de referencias de cientos de catalogaciones, a modo de DNI del libro.  

    Pero, al abrirlo, he comprobado que el azar no me ha llevado a un ejemplar cualquiera. Entre las impasibles pastas rojas, estaban algunos textos de Gustavo Adolfo, el artista, escritor, pintor, dibujante... ‘El libro de los Gorriones’. Tan simple y tan real es el título en el que Bécquer descubrió ese encanto de lo cotidiano.  

    "El libro de los gorriones.

    Colección de proyectos, argumentos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento".

    Y firma, triste, en un Madrid que aún no era suyo, en 1868. Tal vez entonces era un solitario pescador de gotas de lluvia, que le transmitieran lo positivo de su estancia, casi recién llegado de su Sevilla colorista... 

    Estoy en la biblioteca. Observo. Los libros tan, tan quietos... La gente estudia en hojas blancas y nuevas. Cosas modernas, enseñanzas actuales frente a las que se desdibujan, con cierto aire extraño y aburrido, los transformados libros amarillentos de mortecinas letras y ocres dibujos. Convertidos y conversos, como decoración, con aroma añejo, como un estorbo.

    Pero yo no puedo. Jamás dejaré de respirar ese perfume al abrir un libro -éste mismo, de tan querido poeta-, y sucumbir ante sus sentimientos, que aún siguen vivos. Como la vida. Como el tiempo.

    COMIENZA UN NUEVO AÑO

    QUERIDOS AMIGOS,
    Comienza un nuevo año de color verde esperanza para todos porque, aunque no deje de ser un tópico, el inicio de una nueva etapa lo marcamos artificialmente en estas  fechas. No hay otra.
     
    Para este 2007 que acaba de desembarcar en nuestras vidas, no me conformo con desearos que, al menos, sea igual que el anterior. Deseo que sea mejor. Será momento de cambios positivos, de continuaciones provechosas y de cerrar las puertas a los malos rollos. Y ya sé que no es algo fácil muchas veces...
     
    Por desgracia, hemos acabado el año con ejecuciones y hablando de terrorismo. El halo blanco de la paz parece desmoronarse a veces por culpa de pensamientos, actitudes y actos que nos cuesta entender.
     
    Por mi parte, lo único que puedo hacer es pediros -y me aplico el cuento- que cada uno de nosotros pongamos nuestro granito de arena para conseguir que el mundo sea un poquito mejor. Eso sí, sin contemplaciones a la hora de rechazar aquello que , en nuestro parecer, está en contra de los valores elementales de la vida, la convivencia y la paz. Sin remordimientos a la hora de tachar de nuestra lista a aquellos que viven para destrozar, a los que están alienados en pensamientos destructivos y mafiosos, a todos los que no son capaces de defender sus ideas sin matar y hacer daño. 
     
    Uff, no me gusta nada hablar de estos temas...
     
    Lo dicho: para el próximo año, espero que se cumplan todos vuestros buenos deseos, que no nos machaquen demasiado con las elecciones municipales, que ETA desaparezca, que se acaben las guerras, que no haya hambre en el mundo, que podamos disfrutar de nuestros paisajes, del campo, del mar y de la montaña, que hagan una nueva versión de Mary Poppins y que en los calendarios haya muchos más días festivos.
     
    Creo que es mucho, ¿no?
     
    Bueno, dejaremos algo para el 2008...
     
    Besitos y que seáis moderadamente felices.

    ES ALGO QUE NO SE VE...

    No hace falta que os diga a muchos de vosotros lo raros que nos podemos llegar a encontrar cuando sentimos dolor. Dolor debido al cansancio muscular, al exceso de trabajo, a un simple pisotón o a una paliza desafortunada detrás de cualquier esquina. Me refiero a esa dolencia física, que a todos nos descoloca en cierta forma porque, en general, no estamos acostumbrados a que nos duelan las cosas.
     
    Imagínate que te has hecho daño en la rodilla, en un dedo o que te duele la cabeza. Generalmente el golpe o el traumatismo produce una sensación que te descuadra, además de dolerte. Lo único que esperas es curarte, que se calme y volver a seguir haciendo cosas dentro de la vida cotidiana.
     
    Pues bien, hay veces y hay personas que tienen ese tipo de dolor de forma casi continua y, lo peor, apenas se calma. Te duele como un cardenal, sin tenerlo. Tienes la espalda y otros músculos tensos, sin hacer un esfuerzo físico exagerado... Existen casos en que la constante vital es el dolor. Un dolor soportable. No mata, os lo aseguro, pero queda ahí, como un poso incombustible con el que hay que vivir.  
     
    Cuando el dolor, y perdonad que repita tanto la palabra -pero es como la vida misma- es constante y llegan 'brotes' más agudos, lo único que esperas es que termine sin más, que vuelvas al dolor habitual. Es lo que pasa cuando tienes fibromialgia.
     
    Aunque cada caso es distinto y es penoso de explicar y de entender -a mí me cuesta horrores y eso que lo vivo en mis carnes-, hay que intentar mantenerse firme y que ese dolor no te gane la batalla de la vida. Porque lo que se dice matar, la fibromialgia no mata. Pero mina no sólo la salud física; también la mental.
     
    Es muy difícil entender por qué tengo contracturas por todo el cuerpo, por qué no puedo permitirme la vorágine de mi trabajo, que me apasiona, porque me pasa factura sintiéndome muy mal. Y es a veces incomprensible que pierda la noción de las cosas o que necesite que me escuchen cuando lo paso verdaderamente con dolor.
     
    En otro momento os cuento lo que es el dolor para mí. Ahora sólo os diré que no me pienso quedar de brazos cruzados ni sentada en un rincón, atiborrada de relajantes para no sentir nada. No es mi estilo. Es cierto que a veces, en cierto modo, te puede la situación, pero lo importante es que no se convierta en la tónica general. No estoy en fase terminal, como tampoco lo están el resto de enfermas y enfermos de fibromialgia. Tengo mis limitaciones y, lo único, tengo que aceptarlas. Al fin y al cabo, ¿quién no las tiene...?
     
    Los cánones de una vida sana pasan por una correcta y equilibrada alimentación, ejercicio moderado, paseos, relajación, un trabajo y tiempo para dedicar a tu entorno -casa, familia, amigos, pareja-. En mi caso, esos cánones son exactamente los mismos, pero más extrictos. Yo no me puedo permitir el lujo de renunciar a la tranquilidad, pero tampoco al trabajo para no caer en el ocio que suele ser destructivo. Además, ¡necesito el dinero, no puedo vivir del aire! Tampoco debo olvidarme de mi entorno.
      
    Dentro de poco comenzará 2007, el año de la esperanza -y de las elecciones- y del cambio de vida para mí. Aún no me lo creo del todo porque serán pasos duros de dar. Pero hay que darlos, al fin y al cabo. El cambio, al igual que la fibromialgia, no se verá, pero estará ahí. Será para mejor, sin duda.
     
    Para el próximo año os deseo suerte. Y, por qué no, también espero tenerla yo en adelante. El horizontes es más bonito que el pasado y, quizá, mucho mejor que el presente que tenemos que vivir. Allá vamos... 
     
    Isabel

    PAJARITAS DE PAPEL

    Aún sigo haciendo pajaritas de papel con los billetes del autobús. Resulta algo prácticamente automático. Me subo al bus, pago al conductor, éste me da la vuelta de la moneda de cien y un pequeño papel, con letras casi ilegibles y, en ocasiones, mal recortado. Cuando hace mucho frío, me quito cuidadosamente los guantes, y los dejo encima del bolso, para que no se me olviden -la fama que tengo de despistada es algo que ya es muy difícil que desaparezca-.

    Si es de día, miro el paisaje urbano, como absorta en mi propio mundo. Observo los colores de los árboles del parque de San Antonio, pintando al óleo cada estación que pasa, intentando reflejar cómo da vueltas la misma ciudad, en el mismo sitio, pero en distinto momento... Los coches intentan no sucumbir en las innumerables rotondas de la calzada. Grandes, pequeños, medianos, todos luchan para entrar -o no entrar- los primeros. El bus, dependiendo del conductor, se lanza a la rotonda o, por el contrario, es precavido y cuidadoso, respetando las, a veces anormales, normas de circulación.

    En mi paseo motorizado hasta el centro de la ciudad voy observando y, al mismo tiempo, haciendo trabajar mis manos sobre el papel menudo del billete. Es un proceso inconsciente, que realizo a la vez que miro los edificios, la gente que pasea por la calle, mientras ofrezco a mi memoria tu recuerdo. A veces me sonrío pensando en tu rostro, en tus palabras y en tus ojos verdes. Apuro cada gesto de mis manos para sucumbir en la imagen de tu espalda. Regulo las irregularidades, hasta crear un cuadrado cuasi perfecto; a continuación, doblo hacia el centro las cuatro puntas del billete, para redoblar de nuevo hacia la cara contraria del papel las nuevas esquinas, creadas por la anterior doblez. Como si no me quedara conforme, decido desdoblar lo doblado, de una forma tan especial que, sin darme cuenta y, entre paisaje y paisaje, vuelvo a realizar una nueva pajarita de papel, pequeña y simpática.

    Todo tan simple y automático, lo mismo que, al salir del autobús, darte mi creación, como regalo muy preciado, muy especial. En ese momento me miras, algo enfadado, suplicándome que no te vuelva a dar ninguna pajarita. "¿Qué hago, las tiro?", pienso yo, preocupada y confusa. Tanto tiempo participándote de mi emoción artística y ahora descubro que te horroriza mi regalo... Desde entonces, nunca ha vuelto a pasar por tus manos una pajarita de papel elaborada con mis billetes del bus. A pesar de todo, siempre has mirado, celoso, cuando se la ofrecía a otra persona, y la aceptaba con ilusión.

    La otra tarde llovía. Para evitar las chispas de agua nos dirigimos a tu casa. Me ofreciste un café -cosa extraña, ya que no es bebida de tu gusto- y, en un momento dado, me enseñaste una gran caja, toda repleta de pajaritas de papel. Mientras miraba, absorta, el envoltorio, te disculpaste: "Por favor, no me des más pajaritas, que no sé dónde meterlas...".

     Isabel Martín

    (un relato de hace siete años casi...)