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Pasa a tomar el té... (o un café, o una caña, o unas aceitunitas)

Isabel Martín

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Soy como el Aquarius del anuncio: por unas palabras que leas, no tienes por qué conocerme del todo. Siempre hay más. Y espero que mejor!
La música y las webs que son importantes para mí
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Apuntes y observaciones de historia, vida y pensamiento
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Viejos tiempos

Pues sí, hace tiempo que no escribo en este trozo de papel electrónico en el que la única tinta que se gasta es la de alguna lágrima teñida de rimmel. Aunque no es el caso. Estaba recordando viejos tiempos. Aquéllos en los que habitualmente publicaba mis impresiones y sentimientos, alguna gracieta y anécdotas de mentirijilla, de ésas que arrancan sonrisas y hacen que te muerdas el labio, pensativ@. Aquí, como retales o restos arqueológicos, se conservan, un poquito más abajo.

Qué tiempos. Recuerdo que siempre he guardado la ropa; he de reconocer que he sido bastante desconfiada en este extraño mundo internauta en lo que muchos no son lo que aparentan, mientras que otros son el vivo reflejo de lo que se ve y lo que cuentan en sus largas cartas y correos; y esto último se agradece -me refiero a los largos correos y a la sinceridad-.

Y ahora, ¿qué? Pues ya que has entrado aquí, te lo cuento: ahora he caído en las garras suaves del amor. Es tan bonito que a veces me asusta y otras me desconcierta, aunque casi siempre estoy como en una nube en un parque de atracciones. Después de un año, quizá no sea tan romántico como al principio, aunque me sigue emocionando que quiera verme cada fin de semana, a pesar del esfuerzo que supone viajar cada viernes para regresar, de nuevo, el domingo a su casa.

Qué tiempos. Aún guardo en mi memoria aquella visita tan hermosa y nocturna siguiendo el hilo de la muralla abulense, como si cada piedra, en cada momento, se hiciera cómplice de un amor recién inaugurado al resguardo de sus lienzos y de la cálida iluminación de sus muros.

Y ahora... Ahora él parece otro, pero sólo porque ya es una parte de mi corazón y por eso es tan cercano y me parece que sus manos son extensiones de las mías, de tal forma que todo lo que le hace daño, me hiere y todo lo que le acaricia, me hace sonreir.

Hacía tiempo que no escribía, y ya era hora. Y la ocasión -el día a día con él, su amor y el mío- lo merece.

MERCADO MEDIEVAL DE ÁVILA 2009

Imagínate por un momento que en Ávila, un día cualquiera, una gran corriente de aire empezara a voltear la muralla y sus gentes con mucha fuerza. Tras el vendaval, una gran calma. La gente se mira, observa a su alrededor y, al principio, no se reconoce, pero, a pesar de todo, cada cosa está en su sitio. Salvo con una pequeña diferencia: están en otra época. Se han trasladado en el tiempo como si la ciudad amurallada hubiera devuelto de sus entrañas la historia más intrínseca de la ciudad.
 
Pues bien, algo así es el Mercado Medieval de Ávila. Es una actualización del medievo en su vertiente más comercial, es cierto, pero con un componente de participación y de alegría que hace que miles de personas, un año más, se hayan acercado a esta pequeña villa cercana a Madrid para disfrutar del encanto que ofrece una ciudad revestida en su arquitectura con la seña antigua de hace siglos y que arrastra a propios y visitantes a vestirse con trajes de Guiomares, Jimenas, Diegos, condes de Navamorcuende, reyes, esclavos, escribanos judíos, pertinaces moriscos y árabes, bufones y damas de la calle.
 
Los que hemos visto evolucionar este mercado nos hemos cerciorado de varias cosas. Una de ellas es que sigue causando una gran expectación en los millares de turistas y curiosos que se acercan al centro abulense a disfrutar del colorido de la fiesta, del olor a hierbas medicinales y a parrillada, del contacto con otra época -idealizada a nuestro gusto y finalidad-, del disfrute de los más pequeños.
 
Cada vez han sido más las calles que se han puesto al servicio de esta feria del medievo, coronada por las grandes murallas que sirven de escenario único para este acontecimiento. Eso es señal de éxito, sin duda.
 
Otra de las cuestiones es la participación, en toda su extensión, de los establecimientos abulenses que se apuntan al carro que pasa frente a su calle y deciden sacar al público su producto: joyas, comida, ropa, zapatos, cestos, cerámica, bebida... Y es que hay que aprovechar el tirón. Como también lo han hecho muchas asociaciones de la capital, que han decidido autopromocionarse -igual que los comercios anteriores- adaptándose al entorno, como camaleones disfrazados de dragones... Está bien que salgan a la calle en estos momentos. Así lo han hecho muchos chavales que hasta han vendido "agua de botijo a 10 céntimos". No está mal la ocurrencia; no, señor. Eso sí: en algunas calles, las más "locales", se notaba el bajón de calidad e incluso se puede decir que daban una imagen algo regular del espectáculo callejero. Sí, había cosas muy cutres entre las ventas de algunas asociaciones y de algunos grupitos de niños espabilados. Me hizo hasta gracia.
 
Está claro que se ha conseguido, después de trece años de historia de este mercado, consolidar este evento turístico apoyado firmemente en una muralla medieval que respalda el carácter de la fiesta. Si es la primera vez que asistes, la sensación de quedarse con la boca abierta es inevitable; también la del agobio el sábado. Las mejores horas para visitarlo siempre son la primera de la mañana y la de la tarde. El domingo por la tarde también es muy aceptable.
 
Algunos consejos
En general, me he vuelto a llevar una impresión muy grata del mercado, y lo digo como vecina de las afueras -y el año pasado del centro: imposible aparcar-; precisamente es el aparcamiento lo más complicado. Lo mejor es disponerse a pasear por esta bella ciudad y aparcar un poquito más lejos del centro. No hace falta alejarse mucho, ni subir ni bajar cuestas. Desde la estación de trenes y la de autobuses hasta la muralla hay apenas diez o doce minutos. Minucias para los madrileños o los vallisoletanos, por ejemplo.
 
Otro consejo para los visitantes es observar los precios de los puestos; cuidado con las "clavadas", ya que hay muchos que no se molestan en poner lo que valen las cosas. Pregunta primero, por el bien de tu bolsillo, y evita puestos de caraduras, que siempre los hay.
 
Fiesta medieval de referencia
El Mercado Medieval de Ávila se ha convertido en una referencia de este tipo de fiestas no sólo por su trayectoria; también por su consolidación durante este tiempo y por la integración de la ciudad. La participación de los abulenses demuestra que son ellos los primeros que venden su fiesta.

LA QUINTA DEL 73

Así como lo lees. La quinta del 73 rondamos los 35 o 36 y, por supuesto, no todos somos iguales. Los hay, como yo, de los hermanos mayores, pero también hijos únicos y pequeños de la familia.

En la mayor parte de los casos, nos hemos tenido que enfrentar, cuando terminamos nuestros estudios, al monstruo del paro, a lo difícil que resulta independizarse, al milagro de poder pagar una hipoteca y a la pesadilla de poder llegar a fin de mes con sueldos miserables.

Soy del 73 y de letras. Es genial, ahora, pero entonces fue muy duro. Actualmente los becarios se rebelan cuando les dicen que les pagan 500 euros, sin saber ni siquiera escribir su nombre sin faltas de ortografía. Quién los hubiera pillado -los 500, entonces unas 80 mil pesetillas largas, vamos, que sobrepasaba el sueldo mínimo- . Conozco a compañeros de profesión que cruzaban España sin ver prácticamente un duro, y todo por conseguir una experiencia profesional.

Antes parecía que te estaban haciendo el favor de tu vida por poder trabajar, gratis, en su negocio, a base de bien, de horas y de un curro que difícilmente se valoraba. Aunque siempre hay excepciones. Ahora... imposible que se dé esa situación. Los estudiantes y muchos que terminan una carrera, sin prácticamente experiencia, piden un sueldo indecible y que les barran el suelo por donde pasen. Que no digo que no lo pidan, que estupendo, ya ves... pero las comparaciones irritan....

La quinta del 73 también tuvo sus ventajas. Papa y mamá protegiéndote, ya que era imposible que te independizaras, pero sí que fueras a estudiar fuera, si eras 'de provincias', y conocieras un poquito de mundo.

Y volviendo la vista a la infancia... qué decir, chicas, de Candy-Candy y de la Abeja Maya... La pantera Rosa, Mazinger Z, Comando G.... y había grupos de música infantiles -no como ahora- con letras infantiles: Caramelos, Regaliz, Parchís, Enrique y Ana... Mis mejores recuerdos están cantando sus canciones, viendo los dibujos y jugando con la arena en el parque que había bajo la ventana de mi casa.

 

En esto de la música también tengo otros recuerdos menos infantiles, pero igual de intensos, como la música de Abba que ponía mi tía Olgui -en la primera cadena musical que vi en una casa-, Sabina, The Waterboys (con una de mis canciones preferidas, Fisherman's friend), y los éxitos de los 40 principales los sábados por la mañana, debatiéndose entre Abellán y Joaquín Luqui... Katrina and the Waves, Bubble, Hombres G... y otros que descubriría más tarde.

Jugábamos a las canicas, a la comba, a las comiditas -la arena siempre era algo riquísimo, y las hojas de los sauces llorones solían ser pescaíto frito-. Al jardinero le volvíamos loco jugando a las presas de agua, con la arena y con un reguero de agua que siempre salía de la manguera... Me acuerdo que, de pequeña, jugábamos a ‘Los Ángeles de Charlie'. Sebas era Bosly, Conchi era Cris y mi hermana, Kelly. A mí siempre me tocaba Sabrina. Nos perseguían constantemente y no parábamos de dar vueltas a la manzana con la bicicleta. Tenía una BH azul clarita que aprendí a 'conducir' sin ruedas engañada por mi padre. O tal vez antes, sin que él se enterara... uf, de eso no me acuerdo muy bien...

No hace falta haber nacido en 1973 para ser de esta quinta. Quizá tú, si lees esto, no te sientas para nada identificado con algunas cosas. Realmente esta fue mi infancia y parte de mi juventud. Con las lagunas de primeros amores y amistades de ésas que se rompen por nada.

Hoy miro hacia atrás con una sonrisa y con algo de sorna al ver que el euro nada tiene que ver con nuestras pesetas de antaño y que en eso y en muchas otras cosas la vida ha cambiado. Ni mejor ni peor. Sólo distinta.

Eres tú

Aunque nos miremos en un espejo mínimo... o aunque ese espejo se rompa en mil pedazos diminutos, nosotros seguiremos siendo esa luz. Formaremos parte de una, o de mil, de esas minuciosas y justas gotas de reflejo incomprensible que es nuestra cara en un espejito mágico.

Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa del mundo? Quizá me diga que Alicia, que fue a la que vio atravesar su cara oculta. O puede que me compare con la pequeña e inocente Dorothy, en aquel país de Oz... A lo mejor me dice que la más bella es una princesa que se quedó domida a causa de un desa  fortunado pinchazo con un huso. O tal vez quiera acordarse de aquella jovencita llamada Blancanieves, que vivió en el bosque con siete enanitos que la cuidaron de su madrastra...

La princesa del mar, la dama del bosque, la enamorada de un ladronzuelo del Bazar... Qué más da... Todas buscaban -buscamos- lo mismo: un príncipe azul adaptado a los tiempos modernos. ¿Eres tú el príncipe azul que yo soñé?

   

  

Un trocito de bizcocho

Generalmente pensamos que la cocina no está hecha para nosotros. Hablo en plural. En la cercanía que proporciona la calidez de la primera persona del plural, para ser más exactos, porque creo que tendemos a no valorar nuestras posibilidades culinarias. Y quien dice culinarias dice lingüísticas, y de categoría, ya que no todo el mundo puede presumir de conocer los artefactos con los que llenamos este peculiar espacio de nuestro hogar.
 
Si estás pensando, por el título, que el bizcocho me salió de perlas y este pequeño relato es para presumir, te equivocas. Bueno, malo no está (al contrario) pero tiene una apariencia humilde y bajita que indica claramente que soy principiante en esto de la repostería.
 
Y todo tiene una explicación. Después de tres bizcochos bajitos (pero ricos ricos), sin olvidar la levadura, he llegado a la conclusión de que pongo el horno demasiado caliente, lo que provoca que la masa suba rápido y poco, se haga en menor tiempo pero quedándose así, bajito...
 
Os dejo la receta del bizcocho de limón. No pongáis el horno a 230º C; quizá valga con los 180...
 
BIZCOCHO DE LIMÓN
Ingredientes: tres huevos, una taza de harina, una cucharada de aceite, levadura, media taza de azúcar, un yogur de limón.
 
Elaboración: se baten los huevos con las varillas, se añade el azúcar y, a continuación, la harina con la levadura. Se mezcla bien para que no queden grumos y se añade el aceite y, finalmente, el yogur.
 
Se unta el molde con mantequilla y se rocía con harina (para que no se pegue el bizcocho). Después se vuelca la masa en el molde y se mete en el horno, previamente calentado (a 180ºC, no te olvides). Se supone que tiene que tardar unos 40 minutos en hacerse del todo.
 
Para decorarlo, puedes echar unas semillitas de sésamo y queda divinamente.
 
Si te sale bien, acuérdate de esta humilde cocinera que te escribió la receta... e invítame a un café con bizcocho.
 

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