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Un 'Santos' de corazónCon el corazón en la mano, y aunque parezca cursi, he recibido la noticia de que me han dado el premio 'Santos' 2009 de la Asociación de la Prensa de Ávila. Para los profanos que no sepan de qué va este premio, decir que se trata de un galardón convocado por esta asociación y que votan los medios de comunicación abulenses. Para mí, mis compañeros son lo más importante de la profesión. De hecho, lo que intento es facilitarles la tarea que yo he realizado en otras ocasiones, cuando estaba "al otro lado". A veces lo consigo y otras, no. Evidentemente, todavía hay que mejorar muchas cosas para que la comunicación universitaria funcione al cien por cien, pero esto ya es un paso: ya sé por dónde seguir.
Este año, por propuesta de los propios medios de comunicación, se otorgará un "Santos" honorífico a la profesión periodística, una labor que, igual que otras muchas, se ha visto vapuleada y perjudicada por la crisis económica -y social- en la que estamos inmersos. Y en Ávila el aterrizaje forzoso de la economía también ha afectado seriamente a los medios de comunicación. Unos desaparecieron -seguramente por algo más grave que la crisis-, otros han tenido que despedir a mucha gente y reestructurar su plantilla, con todo lo que supone en trabajo y en estrés emocional. Igual que se ha defendido a otros sectores, creo que el de la prensa -ahora tan degradada y llena de desilusión en tantos casos- merece un reconocimiento. Saldremos a flote, y lo haremos reforzados, seguro.
El premio 'Cantos' de este año ha ido a parar a una persona que me merece todo el cariño y respeto: el portavoz del equipo de Gobierno municipal. Ahí hay algo que no me gusta (la concesión, por ejemplo), y es que a pesar de estar todos los viernes exponiendo los acuerdos de la Junta de Gobierno local, de estar todos los días hablando con periodistas y de atenderlos a todos -doy fe- nadie, absolutamente nadie, haya sido capaz de decirle: "Josete, te estás pasando en este tema; mejora este otro, que nos molesta bastante", por ejemplo. No me gustaría que eso me pasara a mí. Y creo que a nadie.
Finalmente quiero apuntar una cosa: Muchos de mis compis ya saben que nunca he estado muy de acuerdo con la (no) actuación de la Asociación de la Prensa de Ávila. No sé ni para qué sirve ni qué aporta a la profesión abulense. No considero importante estar asociada y eso es preocupante, porque sé que a muchos nos pasa lo mismo. El 'Cantos', desde el cariño, se lo daría a ellos. Viejos tiemposPues sí, hace tiempo que no escribo en este trozo de papel electrónico en el que la única tinta que se gasta es la de alguna lágrima teñida de rimmel. Aunque no es el caso. Estaba recordando viejos tiempos. Aquéllos en los que habitualmente publicaba mis impresiones y sentimientos, alguna gracieta y anécdotas de mentirijilla, de ésas que arrancan sonrisas y hacen que te muerdas el labio, pensativ@. Aquí, como retales o restos arqueológicos, se conservan, un poquito más abajo. Qué tiempos. Recuerdo que siempre he guardado la ropa; he de reconocer que he sido bastante desconfiada en este extraño mundo internauta en lo que muchos no son lo que aparentan, mientras que otros son el vivo reflejo de lo que se ve y lo que cuentan en sus largas cartas y correos; y esto último se agradece -me refiero a los largos correos y a la sinceridad-. Y ahora, ¿qué? Pues ya que has entrado aquí, te lo cuento: ahora he caído en las garras suaves del amor. Es tan bonito que a veces me asusta y otras me desconcierta, aunque casi siempre estoy como en una nube en un parque de atracciones. Después de un año, quizá no sea tan romántico como al principio, aunque me sigue emocionando que quiera verme cada fin de semana, a pesar del esfuerzo que supone viajar cada viernes para regresar, de nuevo, el domingo a su casa. Qué tiempos. Aún guardo en mi memoria aquella visita tan hermosa y nocturna siguiendo el hilo de la muralla abulense, como si cada piedra, en cada momento, se hiciera cómplice de un amor recién inaugurado al resguardo de sus lienzos y de la cálida iluminación de sus muros. Y ahora... Ahora él parece otro, pero sólo porque ya es una parte de mi corazón y por eso es tan cercano y me parece que sus manos son extensiones de las mías, de tal forma que todo lo que le hace daño, me hiere y todo lo que le acaricia, me hace sonreir. Hacía tiempo que no escribía, y ya era hora. Y la ocasión -el día a día con él, su amor y el mío- lo merece. MERCADO MEDIEVAL DE ÁVILA 2009Imagínate por un momento que en Ávila, un día cualquiera, una gran corriente de aire empezara a voltear la muralla y sus gentes con mucha fuerza. Tras el vendaval, una gran calma. La gente se mira, observa a su alrededor y, al principio, no se reconoce, pero, a pesar de todo, cada cosa está en su sitio. Salvo con una pequeña diferencia: están en otra época. Se han trasladado en el tiempo como si la ciudad amurallada hubiera devuelto de sus entrañas la historia más intrínseca de la ciudad.
Pues bien, algo así es el Mercado Medieval de Ávila. Es una actualización del medievo en su vertiente más comercial, es cierto, pero con un componente de participación y de alegría que hace que miles de personas, un año más, se hayan acercado a esta pequeña villa cercana a Madrid para disfrutar del encanto que ofrece una ciudad revestida en su arquitectura con la seña antigua de hace siglos y que arrastra a propios y visitantes a vestirse con trajes de Guiomares, Jimenas, Diegos, condes de Navamorcuende, reyes, esclavos, escribanos judíos, pertinaces moriscos y árabes, bufones y damas de la calle.
Los que hemos visto evolucionar este mercado nos hemos cerciorado de varias cosas. Una de ellas es que sigue causando una gran expectación en los millares de turistas y curiosos que se acercan al centro abulense a disfrutar del colorido de la fiesta, del olor a hierbas medicinales y a parrillada, del contacto con otra época -idealizada a nuestro gusto y finalidad-, del disfrute de los más pequeños.
Cada vez han sido más las calles que se han puesto al servicio de esta feria del medievo, coronada por las grandes murallas que sirven de escenario único para este acontecimiento. Eso es señal de éxito, sin duda.
Otra de las cuestiones es la participación, en toda su extensión, de los establecimientos abulenses que se apuntan al carro que pasa frente a su calle y deciden sacar al público su producto: joyas, comida, ropa, zapatos, cestos, cerámica, bebida... Y es que hay que aprovechar el tirón. Como también lo han hecho muchas asociaciones de la capital, que han decidido autopromocionarse -igual que los comercios anteriores- adaptándose al entorno, como camaleones disfrazados de dragones... Está bien que salgan a la calle en estos momentos. Así lo han hecho muchos chavales que hasta han vendido "agua de botijo a 10 céntimos". No está mal la ocurrencia; no, señor. Eso sí: en algunas calles, las más "locales", se notaba el bajón de calidad e incluso se puede decir que daban una imagen algo regular del espectáculo callejero. Sí, había cosas muy cutres entre las ventas de algunas asociaciones y de algunos grupitos de niños espabilados. Me hizo hasta gracia.
Está claro que se ha conseguido, después de trece años de historia de este mercado, consolidar este evento turístico apoyado firmemente en una muralla medieval que respalda el carácter de la fiesta. Si es la primera vez que asistes, la sensación de quedarse con la boca abierta es inevitable; también la del agobio el sábado. Las mejores horas para visitarlo siempre son la primera de la mañana y la de la tarde. El domingo por la tarde también es muy aceptable.
Algunos consejos
En general, me he vuelto a llevar una impresión muy grata del mercado, y lo digo como vecina de las afueras -y el año pasado del centro: imposible aparcar-; precisamente es el aparcamiento lo más complicado. Lo mejor es disponerse a pasear por esta bella ciudad y aparcar un poquito más lejos del centro. No hace falta alejarse mucho, ni subir ni bajar cuestas. Desde la estación de trenes y la de autobuses hasta la muralla hay apenas diez o doce minutos. Minucias para los madrileños o los vallisoletanos, por ejemplo.
Otro consejo para los visitantes es observar los precios de los puestos; cuidado con las "clavadas", ya que hay muchos que no se molestan en poner lo que valen las cosas. Pregunta primero, por el bien de tu bolsillo, y evita puestos de caraduras, que siempre los hay.
Fiesta medieval de referencia
El Mercado Medieval de Ávila se ha convertido en una referencia de este tipo de fiestas no sólo por su trayectoria; también por su consolidación durante este tiempo y por la integración de la ciudad. La participación de los abulenses demuestra que son ellos los primeros que venden su fiesta. LA QUINTA DEL 73Así como lo lees. La quinta del 73 rondamos los 35 o 36 y, por supuesto, no todos somos iguales. Los hay, como yo, de los hermanos mayores, pero también hijos únicos y pequeños de la familia.
En esto de la música también tengo otros recuerdos menos infantiles, pero igual de intensos, como la música de Abba que ponía mi tía Olgui -en la primera cadena musical que vi en una casa-, Sabina, The Waterboys (con una de mis canciones preferidas, Fisherman's friend), y los éxitos de los 40 principales los sábados por la mañana, debatiéndose entre Abellán y Joaquín Luqui... Katrina and the Waves, Bubble, Hombres G... y otros que descubriría más tarde. Eres túAunque nos miremos en un espejo mínimo... o aunque ese espejo se rompa en mil pedazos diminutos, nosotros seguiremos siendo esa luz. Formaremos parte de una, o de mil, de esas minuciosas y justas gotas de reflejo incomprensible que es nuestra cara en un espejito mágico. Espejito, espejito, ¿quién es la más guapa del mundo? Quizá me diga que Alicia, que fue a la que vio atravesar su cara oculta. O puede que me compare con la pequeña e inocente Dorothy, en aquel país de Oz... A lo mejor me dice que la más bella es una princesa que se quedó domida a causa de un desa fortunado pinchazo con un huso. O tal vez quiera acordarse de aquella jovencita llamada Blancanieves, que vivió en el bosque con siete enanitos que la cuidaron de su madrastra... La princesa del mar, la dama del bosque, la enamorada de un ladronzuelo del Bazar... Qué más da... Todas buscaban -buscamos- lo mismo: un príncipe azul adaptado a los tiempos modernos. ¿Eres tú el príncipe azul que yo soñé?
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